El fallido Ingenio La Esperanza, que tiene decretada y firme su quiebra, se ha convertido en el escenario de una batalla entre dos de los grupos económicos más fuertes de la Argentina, y en el que tercia también una empresa estadounidense.
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Uno de los grupos es EMEPA, del empresario de Chascomús Gabriel Romero, quien tendría ya ganada la cuerda en esta carrera por quedarse con los campos y el establecimiento fabril ubicado en San Pedro de Jujuy; el otro grupo local es nada menos que Ledesma, que el martes -quizás un poco tarde- lanzó una ofensiva para aventajar a EMEPA. El tercer interesado en La Esperanza es Ingenio y Refinería San Martín del Tabacal, de la estadounidense Seabord Corp.
Tanto Romero como Carlos Pedro Blaquier (accionista principal de Ledesma) se encontraron en las últimas horas -obviamente por separado- con el gobernador de Jujuy, Walter Barrionuevo, para expresarle su interés por quedarse con La Esperanza, un ingenio bajo administración judicial desde 1999. Se trata de gestos políticos tendientes a «marcar la cancha»: la decisión de vender, alquilar o licitar está en manos de la jueza de la quiebra, María Cristina Lakatas.
¿Cuáles fueron las posiciones que llevaron los empresarios al despacho del gobernador?
La gente de Ledesma le pidió al mandatario que se ponga en marcha un proceso de licitación para la venta del ingenio,en oposición a la pretensiónde Romero, de alquilarlo por 8 años. Blaquier aseguró inversiones para desarrollarlo y garantizar la fuente de trabajo en el largo plazo.
Enterado de este encuentro, Romero se tomó un avión y se fue a Jujuy para explicarle a Barrionuevo que ellos ya habían presentado en sede judicial una propuesta que prevé una inversión de u$s 65 millones para reactivar La Esperanza, a cambio de un contrato de arrendamiento de cinco años con opción a otros tres. Dicen que esta opción les permitiría recuperar lo invertido en caso de que no puedan llegar a un acuerdo con los acreedores y quedarse con la empresa a cambio de la deuda.
Deterioro
Voceros de ambos contendientes aseguran que Barrionuevo los apoyó: Ledesma dice que el mandatario se mostró partidario a dotar de « transparencia» el proceso de venta de La Esperanza; EMEPA sostiene que -en su condición de abogado- el gobernador admitió que una licitación llevará al menos 18 meses, lo que podría ser una catástrofe dado el creciente deterioro que vienen sosteniendo tanto los cultivos como las instalaciones fabriles de molienda y procesamiento de la caña.
El tema clave, sin embargo, es la deuda: el pasivo de Ingenio La Esperanza ronda los $ 900 millones; el Estado nacional (bancos oficiales y AFIP) y el provincial tienen 80% de las acreencias. Con ellos deberá negociar Romero -en caso de que la jueza Lakatas acepte su propuesta- una quita substancial para volver a poner «a full» este ingenio que podría producir hasta 120.000 toneladas de azúcar anuales.
Si es verdad que EMEPA presentó una propuesta a la jueza hace más de un año, y en mayo pasado acordó con Hugo Alberto Jorge -el anterior dueño de La Esperanza- la transferencia de sus derechos accionarios, cabe preguntarse por qué Ledesma dejó pasar tanto tiempo antes de tratar de forzar una licitación.
La respuesta quizás haya que buscarla en el crecimiento del consumo de azúcar y el creciente precio internacional de este commodity; hoy el uso industrial de este insumo se lleva 60% de la producción; el restante 40% corresponde a uso hogareño.
La Esperanza produjo en 2007 apenas 67.000 toneladas, contra las 377.000 toneladas de Ledesma, cifra que pone al grupo de los Blaquier al tope del mercado argentino, en un empate técnico con Atanor/ Concepción (cada una con 20% de share). Está claro entonces que la reactivación del ingenio de San Pedro, en el que trabajan unas 2.200 personas (más los cañeros independientes que lo abastecen) significará un rebalanceo del mercado: si se lo queda Ledesma, pasará a tener más de 25% del mercado; si lo gana EMEPA, habrá un nuevo jugador en la cancha, con resto además para hacer crecer su porcentaje.
Romero comenzó como chatarrero y hoy tiene 120.000 hectáreas de explotación agropecuaria, más la propiedad de Ferrovías, Ferrocentral, Hidrovías y participación en proyectos tan disímiles como el «tren fantasma» (también conocido como el «tren bala» a Rosario) o el Belgrano Cargas, con Francisco Macri, socios chinos y Hugo Moyano. En su presentación judicial, además de prometer las inversiones apuntadas y admitir multas en caso de incumplimientos, presentó cauciones por u$s 20 millones como garantía de ese plan.
La que parece haber quedado fuera de la puja es Tabacal: no sólo su plan de inversiones es inferior al de EMEPA ( promete u$s 50 millones), sino que además sus voceros aseguran que la dotación de personal es excesiva y hará falta reducirla, un argumento quizás razonable desde lo económico, pero indefendible en una pelea que hoy se da en el campo político.
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