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La caída del Muro de Berlín y la disolución de la Unión Soviética fueron los dos hitos fundamentales que señalaron ese punto de inflexión en la historia universal. Desde entonces, quedó demostrado que la democracia y la economía de mercado son los dos pi-lares básicos de los países exitosos. Las restricciones estatales a las libertades políticas y económicas son el común denominador de los países que permanecen en el atraso.
En la Argentina de la década del '80, el gobierno peronista definió un rumbo acorde con esa nueva tendencia mundial hacia el imperio de la libertad política y económica. La privatización de las empresas del Estado y la eliminación de los múltiples controles burocráticos que paralizaban la iniciativa creadora de los argentinos fueron las bases estructurales para generar el clima de confianza nacional e internacional que posibilitó la inversión y el crecimiento económico de aquellos años.
El pueblo argentino se moviliza ruidosa y cotidianamente en las calles para manifestar su firme voluntad de vivir en una sociedad abierta y libre, como todas las naciones avanzadas de la Tierra. Rechaza vegetar en un país acorralado por reglamentaciones, controles absurdos, enderezados a sustituir la libertad de las personas por la discrecionalidad del Estado. Sabe perfectamente que el intervencionismo estatal constituye la principal fuente estructural de la corrupción política repudiada por la sociedad.
Frente a estas circunstancias, es necesario impulsar ya mismo un drástico cambio de rumbo para terminar con la arbitrariedad política del Estado y encarar la recreación institucional del país, para avanzar en la construcción de una comunidad verdaderamente libre y demo-crática.
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