Lo mismo podría pasar en otras privatizadas
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La suspensión de pagos de la distribuidora de gas demuestra que los accionistas controlantes -en este caso, BG Group y Repsol-YPF-no están dispuestos a poner dinero propio si el flujo de fondos de las empresas participadas en la Argentina no les alcanza para cubrir sus deudas u otras obligaciones.
Aunque con un endeudamiento menos apremiante y sin intención de abandonar el mercado argentino, el grupo Telefónica tampoco se haría cargo de los pasivos de filial local. Se cree que lo mismo podría ocurrir por lo menos en Aguas Argentinas y en Edenor.
Si se aplica ese esquema, los accionistas extranjeros, en la mayoría de los casos, dejarían a las empresas privatizadas al borde del colapso. Porque no sólo se suspenderían pagos de deudas, sino que, además, se vería afectada la calidad del servicio. En una empresa eléctrica, comentan que ya hoy están «rogando para que no haya un tornado que tire el cableado de una localidad, porque no habría repuestos para subsanar el problema en un tiempo prudente».
Según las empresas privatizadas, los problemas pasan por: La pesificación de la tarifas y su congelamiento sin fecha cierta para el ajuste.
•El aumento de los insumos importados por la devaluación y también de los que se producen en el mercado local.
•El pago de los compromisos financieros en dólares.
•El aumento de la morosidad (según MetroGas, las facturas impagas suman actualmente 70 millones de pesos, de los cuales entre 20 y 30 se acumularon en los últimos tres meses).
•La reducción del consumo que afecta sobre todo a las empresas telefónicas, según las cuales la facturación cayó 10% en el primer bimestre del año.
• Las dificultades reales de pago de una parte de los usuarios que reclaman en las sucursales una tarifa más barata, «tarifa social».
•El fuerte peso de los impuestos en las facturas que el gobierno no quiere sacrificar, ni aun en el caso de la tarifa social, porque es una fuente de recaudación segura.
• La falta de crédito para capital de trabajo.




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