Si medimos lo perdido en la última semana en términos de riqueza, a pesar de lo inmenso de la cifra, unos u$s 1.400.000 millones, no es mucho. De hecho, el S&P experimentó una baja de 1,8% en estas últimas cinco ruedas, donde la jornada del viernes fue la definitoria al ceder el índice 1,7%. Incluso mirando las Blue Chips, da la impresión de que las cosas no estuvieron tan mal, en la semana la merma fue de 2,33% y le correspondió a la última jornada una caída de 1,89% cuando el Dow cerró en 9.253,79 puntos. El NASDAQ, por su naturaleza algo más volátil, cedió 4,24% de viernes a viernes y casi se podría decir que en la última sesión se mostró relativamente estable al retroceder 1,62%, menos que los dos otros grandes indicadores bursátiles. Sin embargo, y a pesar del aire tranquilizador en que pusimos las cosas, los ánimos en el mercado son los peores en mucho tiempo. Con la excepción apenas de las empresas de segunda línea, que supieron experimentar la semana pasada su peor momento, todos los grandes índices bursátiles cerraron no sólo en el mínimo del año, sino que en valores similares a lo peor de la crisis que se desató luego de los atentados terroristas del 11 de setiembre. Pero ésta es apenas una forma de poner las cosas. El Dow cerró por primera vez encima del valor en que quedó al final de la última rueda hace poco más de 4 años, en tanto que el NASDAQ lo hizo hace 5 años. Esto significa que lo ganado en el último lustro pasó a un limbo financiero. Poco importan los motivos o las explicaciones, lo que importa es cómo cada inversor asume y reacciona a la pérdida de ilusiones que significaron estos últimos cinco años.
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