Finalmente fue 12,4% la tasa mensual de inflación de agosto. Digamos que recién se ha visto la mitad de la devaluación. Queda aún por ver el resto del pass through más los efectos colaterales y los de segunda y tercera ronda. El mercado apunta a un trimestre cargadito de índices de dos dígitos y a la espera de lo que acontezca en diciembre, por si el nuevo gobierno destapa la olla y reordena los precios relativos antes de fin de año.
Lo cierto es que en las mesas de operaciones nadie se escandaliza con los índices inflacionarios pero sí con las boletas de los servicios públicos que llegan a sus hogares. Gente de buen pasar, en su mayoría, pero así y todo no ocultan la sorpresa frente a semejantes porcentajes de aumento. Ya no se trata de boletas de luz equivalentes al valor de una grande de muzzarella, como ilustraban los economistas de Cambiemos en el 2015, sino casi son un catering de casamiento.
Por lo pronto, Don Miguel no tocó la tasa y ahora habrá que ver qué hacen los ahorristas. Claro que todavía hay un margen hasta las generales y seguir jugando a la tasa. Por ahora, la tasa de referencia queda por debajo del 210% efectiva anual contra una inflación anualizada de casi 307%. Con relación al “A3500”, el mercado espera menos devaluación que lo que marcan los futuros de dólar, $510 a fin de año versus $615 que cerró el miércoles el futuro Rofex diciembre. Un dato REM: el TOP 10 de pronosticadores estimó el dólar oficial mayorista en $576.
Por el lado de la deuda, un mesero advertía a colegas que continuaba la liquidación (sell-off) de las curvas soberanas en pesos, a la vez que se habían intensificado las operaciones a los precios de intervención del BCRA, unos 200 puntos básicos por encima de las tasas de corte de la última licitación. Otro dato: no se vieron ventas relacionadas con el flujo de los FCI que venían de una semana de rescates.
Casi fue una escala técnica, pero un grupo de fondos especializados en emergentes pisó suelo patrio por unas pocas horas en su raid sudamericano. Aprovecharon, además de los atractivos precios locales, para tirar algunas líneas con consultores y gente del mercado. Se llevaron el mensaje que el actual gobierno parecía no estar muy consustanciado con la idea de seguir las metas flexibilizadas con el FMI, y todo el andamiaje de medidas alocadas, porque llegaban a contradecirse, ya que una expandía el gasto y otra frenaba la expansión, eran una señal de que el partido se jugaba a full y después ser verá, aunque está pendiente el último desembolso del año.
Sobre Milei se llevaron la idea de que, si bien no está claro ni el equipo ni el programa, lo que sí parecía ser cosa juzgada es que su gobierno será una especie de “Rápido y furioso” donde deberá administrar las expectativas de propios y ajenos. El consenso les marca que si hay balotaje, porque hoy en día la opción de ganar en primera vuelta sigue firme, en cualquier caso tendrá al libertario de un lado del ring.
A la cena, el grupete se la pasó comentando la pelea estelar de Wall Street: Bill vs Jeffrey. Se trata ni más ni menos que del conocido como el “Rey de los bonos” Bill Gross y su colega Jeffrey Gundlach. Parece que el fundador de PIMCO no da el brazo a torcer en ceder su trono a manos del CEO de DoubleLine Capital y reabrió la polémica en un seminario en California donde señaló que para ser rey se necesita primero un reino, y dijo que PIMCO tenía u$s2 billones mientras que DLC unos u$s55.000 millones, eso no es un reino, es como Letonia o Estonia. Aún se espera la reacción de Jeffrey.
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