Si bien mirando 0,01% que perdió el Dow al cerrar en 11.102,51 puntos puede parecer que la rueda de ayer no tuvo la fuerza de las del lunes y el martes, los casi 2.000 millones de papeles negociados en el NYSE hablan de que al menos existió un gran interés por vender y comprar acciones. Como en las ruedas previas, el ritmo lo marcaron básicamente los resultados contables, en primer lugar los malos números de Amazon, que fueron castigados con una baja de 20% en la cotización de la empresa. A ésta se sumó Boeing, que presentó un panorama no muy feliz a futuro y fue "premiada" con un menos 4,6%. Tal vez no tan gravitantes, pero contribuyendo al mal humor, se sumaron el "Libro Beige" de la Reserva Federal, que mostró una disminución en el crecimiento de la economía (sugiriendo menores ganancias para las empresas y menor presión por el lado del costo del dinero -la tasa a 10 años cayó a 5,036% anual, los futuros de Fed Funds implicaron una chance de tan sólo 43% para una suba de tasas el 8 de agosto y el dólar retrocedía 1,2703 por euro y 116,33 yenes-) y la suba del precio del petróleo (trepó a u$s 73,94 por barril, en parte por la caída de los inventarios de gasolina, en parte por la impresionante ola de calor y en parte por los problemas en Nigeria). Si poco antes de las 15, los tres principales indicadores bursátiles se habían colocado del lado ganador, era en alguna medida un efecto "simpatía" a los muy buenos resultados operativos que reportó General Motors. Aunque puede resultar tentador vincular el "cambio de tendencia" a cualquiera de los hechos citados, lo cierto es que fue la simple dinámica entre compradores y vendedores lo que determinó los vaivenes. Con la cantidad impresionante de balances arribados para analizar, la verdad es que un cierre en suba o baja es sólo incidental.
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