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28 de abril 2008 - 00:00

Los empresarios toman distancia

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¿Se acabó el romance? Si bien las entidades empresarias se cuidarán de hacer pública su preocupación por los cambios en el gobierno, en diálogos privados los principales dirigentes no ocultan que esperaban un cambio de fondo en el Ministerio de Economía, y no apenas una muda cosmética.

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La preocupación pasa ahora por varios frentes que confluyen para hacer menos atractiva la coyuntura de lo que era hasta hace no mucho tiempo:

  • El tipo de cambio, dicen, ya no es lo que era. Si se deja flotar el dólar no sólo no cae sino que -como pasó la semana pasada- podría subir.

  • Lo mismo sucede con el precio del gasoil, que a valores oficiales ya no se consigue. En este sentido, un dirigente relató un encuentro mantenido con el secretario de Energía, Daniel Cameron (a quien calificó como «uno de los funcionarios más capaces del gobierno»), quien les dijo que cuando haya que importar ese combustible tendrán que tomar medidas -subsidios, obviamente- para que el precio al que llegue al público local sea inferior al internacional.

  • Cabe recordar que de manera reiterada el matrimonio presidencial -sobre todo Cristina de Kirchner- viene proclamando las ventajas del tipo de cambio y el gasoil barato; y si bien lo hacen en relación con el campo y para justificar las retenciones móviles, la modificación de su peso en los costos de producción también alcanza a la industria.

    Todo esto pone en serias dudas la voluntad del gobierno de combatir la inflación, y de proceder a los ajustes macroeconómicos que se creen necesarios.

    Entre esos ajustes hay coincidencia en la necesidad de negociar con el Club de París como requisito para que vuelvan las inversiones extranjeras al país. «La inflación ya había quedado en dos dígitos cuando se fue Roberto Lavagna, y todos esperamos que se la iba a controlar. Sucedió lo contrario», se resigna un encumbrado empresario textil.

    Es justamente de ese sector del que provienen las mayores quejas. Dicen que el dólar ya no los protege de los chinos y los brasileños, pero no explican por qué no aprovecharon estos seis años de bonanza ilimitada y mercado casi cerrado para invertir.

    En el otro extremo podría ubicarse la industria automotriz; un ejecutivo de ADEFA enfatizó que « fuimos el sector que más invirtió en estos años, pero no porque seamos buenos sino porque tenemos una plena integración con Brasil; también porque estamos exportando muchísimo y entonces se justifica».

    En lo que hace al reemplazo del ministro, varios de esos dirigentes coincidieron en que a Martín Lousteau la responsabilidad de encabezar el Palacio de Hacienda no sólo le quedó grande sino que además le llegó demasiado pronto.

    En los hombres de negocios campea la sensación de que el gobierno no se dirige a un objetivo estratégico, sino que administra el día a día. En este marco ubican al Acuerdo del Bicentenario que debe firmarse el próximo 25 de mayo. Un empresario metalúrgico dice: «Si va a ser solamente un acuerdo de precios y salarios, no sirve. Si en cambio se lo aprovecha para iniciar el camino de cambios que la economía está pidiendo, será histórico de verdad».

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