Con los precios prácticamente regulados por medidasdel gobierno, la baja, al igual que la suba, en la cotización internacional del petróleo no tiene impacto directo en los consumidores argentinos.
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Pero influyen en dos elementos: achica la diferencia entre precios internos y externos de los combustibles, y disminuye lo que paga el Estado por las importaciones de gasoil y fueloil para las centrales térmicas (aunque las mismas se vuelven insignificantes después del invierno).
La baja también provoca una merma en los ingresos por retenciones a la exportación, porque éstas son móviles: a más precio, mayor es la proporción que queda para el Estado.
El precio interno del petróleo se define en función de una fórmula relacionada con el nivel de retenciones a la exportación y por negociaciones directas entre empresas que extraen crudo y las que lo refinan y no tienen producción propia en el país (Shell y Esso). Se ubica ahora entre 42 y 47 dólares. Para las refinadoras con petróleo propio, como YPF y Petrobras, la situación tampoco tiene variantes, aunque en general disminuye lo que se considera pérdida frente a los valores internacionales.
Pero la baja en la cotización internacional coincide con una particular situación en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde el gobierno viene presionando para una rebaja en el precio de los combustibles desde principios de agosto.
El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, es el que desde hace casi un mes, presiona a las petroleras Petrobras y Esso para que alineen sus precios en relación con los más bajos aplicados por YPF. En la práctica esto implica, por ejemplo, llevar el litro de gasoil de $ 2,29 a $ 1,89 en las estaciones de servicio.
La presión tuvo efecto en Petrobras y Esso que bajaron los valores al público en las estaciones propias. Pero los expendedores independientes con contrato con esas petroleras no bajaron los precios.
FECRA, la entidad que los reúne, dijo que «las estaciones no pueden asumir una nueva rebaja de precios, como ya ocurrió en enero cuando se retrotrajeron al nivel de octubre de 2007». Agregó que «poner los precios al nivel que quiere el gobierno implica una pérdida de $ 12.000 mensuales para una estación con capacidad de 200.000 litros».
De esta forma, persiste la diferencia de 30% promedio como mínimo entre los precios en el interior y en Capital y GBA. Y dentro del área metropolitana, hay además distintos valores: los de las estaciones propias de las petroleras, los de las estaciones de terceros y los de Shell, que siguen más arriba de los demás.
La situación no conforma a Moreno que estaría presionando ahora a las petroleras para que no envíen combustible a las estaciones que no respeten los precios sugeridos, exigencia que por ahora no se está acatando.
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