La industria del supermercadismo volvió a los niveles de rentabilidad de la década del 90, aunque más por suba de volúmenes que por mayores márgenes. Esa rentabilidad, según los principales jugadores del sector, ronda ya 3% promedio sobre su facturación. Además, su participación en el total de las ventas minoristas del país se acerca a 40%, luego de haberse desplomado a menos de 33% en los últimos años. Ambas cifras se ubican en los niveles históricos de la actividad, aun cuando los costos operativos que enfrentan son muy superiores a los de las décadas pasadas.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
También las primeras marcas volvieron a desplazar a las denominadas «de primer precio» (o sea segundas marcas) porque los consumidores siempre las prefirieron, pero en la crisis no tuvieron más remedio que reemplazarlas. En lo que hace a marcas propias -sobre todo en renglones como los lácteos-, las grandes cadenas no consiguen quién se las elabore, dado que la gran demanda por las marcas más caras hace que los fabricantes tengan sus plantas ocupadas a full con esos productos.
Los datos surgieron de un almuerzo que compartieron Alfredo Coto, Stefan Krause (Jumbo), Federico Braun (La Anónima) y Gastón Wainstein (Wal-Mart) con periodistas, para anunciar la realización de las Jornadas de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), la semana próxima en La Rural. Según explicó Gustavo Cinosi, CEO de Exposium Argentina (la organizadora de la muestra) «este año duplicamos el espacio y el número de expositores». La exposición comparte el espacio con la SIAL (alimentos), para la que se espera la llegada de compradores de productos argentinos de 40 países.
«La retracción de la demanda dejó paso a un boom de consumo; el sector está pasando por una etapa muy buena, aunque sólo estamos recuperando lo perdido a partir de la crisis», coincidieron los cuatro empresarios. Como para reafirmar una vez más que no son «los malos de la película» en el tema precios, dijeron (con Coto a la cabeza, en su condición de presidente de la ASU) que «en la categoría alimentos estamos cerca de 1%, pero se compensa con los 'non food' (durables, indumentaria, electrodomésticos, etc.)».
De todos modos, aclaran, la proporción de sus ventas es 80% «food» y 20% «non food». «Pero en los hipermercados esa categoría llega a 30%; depende de la cadena que se trate», dijo Wainstein.
Atribuyen la suba de las ventas a que «la gente tiene más plata, y también ayuda el mayor acceso al crédito».
Coto afirmó que los mayores dolores de cabeza que afectan al sector son «la economía informal, las tasas municipales y, por supuesto, los controles de precios, que en nuestro caso son en realidad controles de márgenes». También admitieron que los costos de tener contratos de energía ininterrumpibles «los haría imposibles de pagar», y están tratando de arreglárselas con generadores propios «hasta que pase la crisis».
Por su parte, Krause reveló que «los importados han hecho una vuelta modesta, no significativa: hoy ocupan no más de 3% de las góndolas (en los 90 llegaron a 6%)». Agregaron que hoy con todos los medios de pago ( tarjetas de crédito y débito, créditos personales, tarjetas propias, vales de comida, etc.), se paga 50% de las compras; el resto sigue abonándose en efectivo.
Dejá tu comentario