Parece increíble que hace apenas algunos días, hayan habido quienes seguían mirando todo con el mismo optimismo que mostraban a principios de 2000, poco antes de que se iniciara la debacle. El término debacle cabe, cuando hablamos de un mercado en el que el NASDAQ ha caído de algo más de 6.000 puntos a unos 1.700 y monedas, que cada día que pasa parece costarle más y más mantener. Estamos hablando de un derrumbe de 72%. La justificación que el mercado no tiene memoria y que todo puede cambiar de un instante a otro, no alcanzan para perdonar a quienes han optado por hacerse ciegos al bosque, mirando sólo al árbol de un día o unas pocas horas en su intento de "vender" mercado. En algún momento las cosas seguramente han de cambiar, pero lo claro es que hasta ayer los inversores seguían privilegiando la seguridad sobre eventuales rendimientos. Así la tasa de los bonos del Tesoro experimentó una nueva merma para quedar en 5,202%, en tanto que Dow como ha sido casi la norma a lo largo de todo este año, continuó superando, aun en las bajas, la evolución de los demás indicadores bursátiles. Al sonar la campana de cierre en el NYSE, el Promedio Industrial quedaba en 10.208,67 puntos, marcando una pérdida de 0,39%, en tanto el NASDAQ cedía 2,42%. Tratando de encontrar alguna explicación al malhumor, y ante la falta de "nuevas malas noticias" la mayor parte de los analistas volvió a señalar el anuncio de la caída de las ganancias de IBM. Para los más avezados esta idea hace correr frío por la espalda, porque pensar que el mercado más evolucionado del mundo puede tardar 48 o más horas en factorizar cualquier tipo de información, hablan de un grado de ineficiencia atroz. Lo peor de todo, es que aún faltan un par de días para entrar de lleno en la temporada de balances.
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