13 de febrero 2002 - 00:00

Malo: congelan negociaciones para caída de ultraactividad

El gobierno de Eduardo Duhalde «congeló» el cronograma de llamado a negociación de las convenciones colectivas de trabajo que se había puesto en marcha durante la gestión de Fernando de la Rúa y a través del Ministerio de Trabajo de Patricia Bullrich, hasta tomar una decisión definitiva (que se espera para el segundo semestre del año), sobre el futuro de la reforma laboral.

A través de la cartera de Trabajo que ahora dirige Alfredo Atanasof, los más de 100 sectores que desde agosto tenían dos años para renegociar sus condiciones laborales fueron informados de que ya no habrá espacio para formar las comisiones de negociaciones y que deberán esperar a nuevo aviso.

•Aporte a sindicatos

Con esto se quiere decir que se terminan hasta nuevo aviso las discusiones a las que se había llamado a los representantes sindicales y empresariales, y que desde julio habían comenzado a discutir (sin mayores avances por cierto hasta ahora) las nuevas condiciones laborales para hacer caer los antiguos convenios colectivos. Se trata en realidad de un aporte hacia los sindicatos, combativos o no, que desde siempre se opusieron a la implementación de la reforma laboral que incluía como capítulo fundamental el fin de la ultraactividad y el llamado a todos los sectores económicos a negociar nuevos convenios. Además disponía la posibilidad que sindicatos y gremios chicos y regionales pudieran acordar condiciones de trabajo particulares con las empresas de un sector o sector del país sin necesidad que desde la «caza matriz» del sindicato se le de el visto bueno al acuerdo. Como esta posibilidad significaba un golpe definitivo al poder de los gremios centrales, fundamentalmente a los aliados actuales del gobierno de Eduardo Duhalde, el «congelamiento» de las negociaciones se puede tomar como un aporte clave para el apoyo que los «gordos» y los cercanos al camionero Hugo Moyano le vienen haciendo al presidente Duhalde.

Las negociaciones obligatorias entre los sindicatos y las empresas habían comenzado en julio del año pasado, a partir de las citaciones que la cartera laboral dirigida todavía por Patricia Bullrich había lanzado el 12 de junio de 2001 al presentar los decretos firmados por Fernando de la Rúa que ponían en funcionamiento los capítulos fundamentales de la reforma laboral.
Bullrich, mucho antes que De la Rúa sucumbiera por última vez a las presiones de los sindicalistas que luego hicieron mucho para que el radical terminara antes su mandato, utilizó el auditorio mayor del último piso del Ministerio de Trabajo para publicar el cronograma de citación sectorial. Los primeros rubros que debieron sentarse a negociar con los empresarios eran los actores, transportistas, bancarios, choferes de media y larga distancia, industria de la carne, la Unión Obrera de la Construcción, trabajadores del cuero, automotrices, trabajadores del Estado en todas sus líneas poderes y sectores del país, ferroviarios, electricistas, y neumáticos, textiles y sanidad. Todos estos rubros, en todos los niveles, estaban en medio de las negociaciones, dentro de la primera etapa que consistía en formar las comisiones tripartitas (empresas, gremios y el Ministerio de Trabajo), para discutir los nuevos convenios colectivos. Estas comisiones tenían dos años desde el momento mismo de haber comenzado a negociar para llegar a un acuerdo.

Si en ese tiempo no se firmaba un nuevo compromiso laboral, el Ministerio de Trabajo podía disponer, si las conversaciones estaban avanzadas, una prórroga de hasta dos años.

La reforma laboral que ahora se congela es tristemente célebre para el gobierno de Fernando de la Rúa.
Fue durante el tratamiento de esta ley en el Congreso, cuando Alberto Flamarique era ministro de Trabajo, que surgió el escándalo por el supuesto pago de coimas en el Senado, lo que con el tiempo hizo que renunciara el vicepresidente de la Nación Carlos Chacho Alvarez, y luego la debacle definitiva de la idea política que en algún momento de la historia contemporánea argentina habían impulsado Fernando de la Rúa, Alvarez, Raúl Alfonsín, Graciela Fernández Meijide y Rodolfo Terragno.

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