El canciller Rafael Bielsa está en China para continuar las complicadas negociaciones que la Argentina mantiene con ese Estado asiático. Se sabe que las promesas de inversiones que se hicieron en su momento, y que tanto buscó promocionar el gobierno, están suspendidas por tiempo indeterminado. Por eso, lo único que queda es tratar de que China cumpla con sus compromisos de apertura comercial. Un ministro de ese país -el de Comercio, Bo Xilai- le habría asegurado que se permitiría importar productos como carnes, jugos, manzanas y peras por unos u$s 4.000 millones en cinco años. Es una manera de escapar al simple envío de soja. Protestó, sin embargo, por los dos decretos del gobierno argentino para frenar la importación de productos chinos, como textiles, calzados y juguetes. Quedó en el aire la amenaza de que, si se insiste con estas ideas, todos los acuerdos, inclusive los de más exportaciones, pueden complicarse.
El funcionario chino, sin embargo, dedicó también un largo tiempo del encuentro a
No hubo más preguntas sobre el tema de parte de Xilai, y dentro de la delegación argentina se supone que la existencia de los decretos no trabará la promesa de apertura de los mercados chinos.
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