«P arte de los fondos que pasarán de las AFJP al control del Estado se destinarán a financiar proyectos productivos a largo plazo.» La cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA) escuchó con sorpresa la revelación del jefe de Gabinete, Sergio Massa: a partir de hoy comienza a terminarse el régimen de las AFJP y es voluntad oficial -al menos así lo prometió Massa- usar parte de esos dineros como fuente de financiamiento para la industria.
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Los empresarios habían sido convocados para seguir hablando de importaciones, caída de la actividad, posibles despidos (o no) y tipo de cambio «competitivo», una negociación que habían iniciado el jueves por la noche en Olivos con la presidente Cristina de Kirchner.
La charla con Massa arrancó por esos mismos carriles, pero de pronto el funcionario viró bruscamente de dirección: «Las AFJP incumplieron su deber de financiar el desarrollo, de invertir en actividades productivas, de apoyar la industria... Por eso se termina el régimen y lo anuncia la Presidente mañana (por hoy)». El ministro agregó que «el de las AFJP, como sistema, nos desilusionó: incumplió con su misión de ser la fuente de fondeo a largo plazo para los sectores productivos; eso va a cambiar a partir de mañana».
Ese fue, palabras más o menos, el mensaje que les dio Massa al presidente de la UIA, Juan Carlos Lascurain, y a los vice Héctor Massuh, José Ignacio de Mendiguren y Federico Nicholson. Los dirigentes empresarios no respondieron: se tomarán su tiempo para apoyar o rechazar la iniciativa oficial.
Uno de los participantes de la reunión, que pidió reserva de identidad, dijo que «todavía es demasiado temprano para opinar, porque no conocemos el proyecto. Yo, personalmente, si me pregunta, le digo que a las AFJP no las voy a extrañar: en la década del noventa fueron las principales responsables del desfinanciamiento del Estado, al eliminarse más de u$s 40.000 millones de aportes patronales. Pero hay que ver cómo sigue esto: no sea que pase como con el Club de París, que al principio todos aplaudimos y terminó en la nada».
Después del cimbronazo inicial -»no sabíamos nada; apenas los rumores de los medios», dijo otro de los participantes del encuentro en el despacho que tiene Massa en la Casa Rosada-, la charla retomó el curso previsible: el gobierno monitoreará el ingreso de mercaderías de sectores «sensibles» desde Brasil y Oriente, y la Secretaría de Industria pondrá en marcha una batería de medidas que en definitiva apuntarán a sellar las fronteras a la entrada de importados, con el objetivo declarado de «defender las fuentes de trabajo». Obviamente, si la industria argentina no se moderniza ni mejora su competitividad -más allá de la cuestión del tipo de cambio-, los consumidores seguirán pagando más caro ante la falta de competencia externa.
En relación con el tema de los posibles despidos en que podrían incurrir algunos sectores, Massa dijo que el gobierno estaba dispuesto a hacer «lo que haga falta» (sin especificar) para preservar el nivel de empleo.
Sin embargo, cuando el funcionario les preguntó cómo ven la situación, los cuatro dirigentes expusieron las condiciones en muchos casos críticas que atraviesan diversos sectores y economías regionales, y que serán tratados hoy en el seno de la junta directiva de la UIA (especie de parlamento en el que justamente están representados las provincias y los sectores).
«Mire, ministro: hay empresas que no van a poder evitar suspender, adelantar vacaciones, incluso despedir a la gente más nueva... La cosa está muy fea en las automotrices, las autopartistas, el plástico, los aserraderos, los textiles, la indumentaria...», le dijeron a Massa, poniendo así la preocupación de ese lado de la mesa. El jefe de ministros volvió a prometer que se tomarán «todas las medidas que hagan falta. Con Industria vamos a controlar los niveles de facturación y la posible subfacturación en importaciones intra y extra Mercosur. Con el Ministerio de Trabajo vamos a monitorear que no haya despidos injustificados... Entendemos lo que pasa y estamos trabajando para evitar las peores consecuencias de la crisis».
Los empresarios se fueron de la Casa Rosada con una sensación ambivalente: por un lado, la sorpresa de la «primicia» que habían recibido de Massa; por el otro, la certeza de que los efectos de la crisis internacional sobre la economía argentina llegarán de manera inevitable, y a lo único que pueden aspirar es a capear la tormenta con los menores daños posibles. «No hubo anuncio de medidas. Nos hubiera gustado irnos con algo concreto en el portafolio», reconoció uno de los cuatro empresarios asistentes.
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