Quienes pensaban que durante estas semanas los balances podrían llegar a marcar el paso del mercado, parece que están equivocados. Quienes pensaban que la baja del petróleo podría calmar las aguas e impulsar la suba de las acciones, también parece que están equivocados. Quienes pensaron que la definición de Ben Bernanke, como sucesor de Alan Greenspan, morigeraría la suba de las tasas, entran también dentro del inmenso grupo de equivocados. Todo esto no hace sino complicar más lo que ha sido un año difícil, en el que muchas de las "relaciones" tradicionales del mercado parecen haberse "roto" (tasas de corto y de largo, dólar y tasas, tasas y acciones, etc.). Pero vamos por partes. En lo que va de la temporada, la mayoría de las empresas ha presentado balances que superan fácilmente las previsiones de los analistas, pero basta que una sola firma anuncie en un día cualquiera resultados por debajo de lo esperado o que acote las perspectivas para el actual trimestre, para que el pesimismo se haga dueño del mercado. La baja del crudo, que debería de haber alejado el temor a una disparada inflacionaria y/o una merma en la actividad económica (ayer el barril retrocedió a u$s 60,66), se analiza de manera excluyente como un salvavidas de plomo puesto en torno a un sector petrolero que acumula una ganancia de casi 30% en lo que va del año. Respecto de Bernanke, el mercado parece decir que a pesar de los beneficios que puede aparejar su "visión blanda" sobre la inflación, a largo plazo derivará en una suba de precios superior a lo conveniente. En este escenario que el Dow pierda 0,32% a 10.344,98 puntos, no es más que una cuestión circunstancial.
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