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Al 1 de enero de 2005, la deuda externa de México era de 78.852 millones de dólares, una reducción de 1.686 millones en términos interanuales, la más baja de los últimos 32 años, según los últimos informes de la Secretaría de Hacienda.
Por su parte, la deuda interna ascendió a 1,29 billones de pesos (unos 116.000 millones de dólares al cambio actual), lo que representa el 12,8% del PIB.
En su versión más amplia, que incluye requerimientos del sector público de pago diferido, la deuda total de México al cierre del año representó el 39,4% del PIB, 3,8 puntos porcentuales por debajo de la proporción registrada al cierre de 2003, según el informe de la secretaría de Hacienda.
Su titular, Francisco Gil, fue elegido el mes pasado como el secretario de Hacienda del año en el continente americano por la revista británica The Banker, por su "gestión prudente" de las finanzas públicas.
Las calificadoras internacionales Standard&Poor's y Moody's subieron respectivamente a "BBB" y "BAA1" la nota de la deuda a largo plazo en moneda extranjera de México en las últimas semanas, gracias a esa estabilidad macroeconómica que consiguió entre otras cosas, que el déficit público se situara el año pasado en el 0,1% del PIB.
Desde finales de los 90, México ha ido desplazando gradualmente su deuda al mercado interno en pesos.
Esa política le da estabilidad y le permite extender los plazos de la deuda externa, como un bono de 750 millones de euros a 15 años emitido el pasado 15 de noviembre, el primero de esas características de una economía emergente, en todo el mundo.
Esa tendencia "permite a México alejarse de una de las debilidades históricas de la mayoría de los países de América Latina: la incapacidad de aumentar la deuda de largo plazo en moneda local a tasa fija", explica Standard&Poor's.
"Hemos sido los mejores pagadores del mundo. Tuvimos una crisis de liquidez por allá en 1981, pero desde entonces México jamás ha dejado de pagar su deuda", reconoce Antonio Quiroz, director del Centro de Análisis y Proyección Económica (CAPEM-Oxford).
Pero eso ha sido "a costa de crecimiento, de la generación de empleo y del bienestar de la población, desgraciadamente", opina.
El promedio de crecimiento económico durante cuatro años de gobierno de Vicente Fox ha sido del 1,5%, y la tasa de desempleo está en el 3,78%, un récord, teniendo en cuenta el peso de la economía informal, no contabilizada en las cifras oficiales.
"Empleo no hay ni va a haber; es un problema tecnológico que no afecta solamente a México" sino a sus principales socios comerciales, pero no a Asia, cree sin embargo Macario Schettino, jefe de Investigaciones Económicas del Instituto Tecnológico de Monterrey.
En cambio, la estabilidad macroeconómica trajo "las tasas de crédito más bajas desde los años 60, y en esa época no había los créditos al consumo que hay ahora", añade.
Esas tasas bajas se lograron a pesar de que el Banco de México ha apretado en nueve ocasiones su política de encaje bancario en 2004.
El gobernador de la entidad, Guillermo Ortiz, es otro de los protagonistas de la austeridad en México, con su lucha a brazo partido contra la inflación.
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