«Creo que ha llegado el momento de volver a pensar en una entidad que financie este proceso de crecimiento sostenido.» La frase de la ministra de Economía, Felisa Miceli, fue la única que arrancó un tímido aplauso en el salón colmado de empresarios, presentes en la sede de la Unión Industrial Argentina (UIA) para la asunción de sus nuevas autoridades.
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La funcionaria había dicho antes que el país «necesita bancos que financien a las empresas industriales, que hasta ahora han debido echar mano a fondos propios o a reinversión de utilidades. Ahora hay que consolidar lo que está renaciendo y que fue casi destruido en la década pasada». Desde la primera fila la miraban Jorge Brito (ADEBA) y Mario Vicens (ABA), presidentes de las dos centrales que agrupan a los bancos nacionales y extranjeros.
La ministra arrancó su improvisada intervención recordando a «Juan Carlos, en la foto, defendiendo con los obreros metalúrgicos lo poco que quedaba de la industria nacional». El destinatario de tan cálido párrafo era Juan Carlos Lascurain, flamante presidente de la UIA, a quien invitó a la Casa Rosada a ver a Néstor Kirchner. En su discurso, el metalúrgico repasó los reclamos «históricos» de la central fabril durante la etapa que acaba de finalizar, con Héctor Méndez como presidente.
Esos reclamos básicamente son la resolución del impasse en que se encuentra la ley de ART, la necesidad de contar con financiación a largo plazo y a tasas razonables para inversiones productivas -sobre todo para pymes-, el combate a la economía informal y la «evaluación crítica» de la relación con Brasil y China.
Política activa
El dirigente dijo que «ambos países tienen una activa política de expansión industrial. Por eso, el camino de la reindustrialización requiere seguir adoptando inteligentes medidas de defensa comercial con esos países». Más claro, agua: Lascurain -en línea con el sector «nacional» que representa dentro de la UIA- pidió más proteccionismo, ya ni siquiera parcialmente encubierto, aun a pesar del tipo de cambio «competitivo» (definición a la que apelaron Miceli y él).
Minutos después, y en charla con la prensa, Lascurain dijo no entender por qué se le preguntaba hasta cuándo se iba a proteger la industria nacional de la «destrucción» que denunció. Cuando se le explicó que se le hablaba del tipo de cambio «recontraalto» y de las medidas proteccionistas que él mismo había reclamado poco antes, respondió (palabras más o menos) que la recuperación no tenía plazos.
Al comenzar su discurso, Lascurain demostró también que deberá aceitar sus formas protocolares: al mencionar a las autoridades presentes, tuvo que preguntarle a Ginés González García qué cartera ocupaba («salud», le dijeron a coro sus compañeros y el propio ministro, aun sin haber estornudado), calificó a Alberto Abad de «administrador general de impuestos», omitió al secretario de Industria, Miguel Peirano, y no recordó el nombre de pila del secretario Pymes. «No te preocupes: tenés dos años para acostumbrarte», lo consoló no sin sorna Méndez.
El comité ejecutivo de la UIA se completa con Luis Betnaza (Techint), como vicepresidente 1º; Federico Nicholson ( Ledesma), como vice 2º; José Ignacio de Mendiguren ( indumentaria), vice 3º; Héctor Massuh (papeleros), vice 4º; Luis Ureta Sáenz Peña (Peugeot-Citroën), como vice 5º; Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), vice 6º; Osvaldo Rial (UIPBA), vice 7º; Roberto Domenech (COPAL), vice 8º; y Roberto Arano (Azúcar), vice Pymes. El secretario es el gráfico Juan Carlos Sacco; y el tesorero, Adrián Kaufmann Brea (Arcor). Entre los vocales están Méndez, Cristiano Rattazzi, José Luis Basso ( autopartistas), Guillermo Gotelli (UIPBA); los protesoreros son el naviero Horacio Martínez y el textil Jorge Sorabilla.
La lista se cerró ayer mismo, con variantes respecto de lo que se había acordado la semana anterior. Así, Basso dejó su vicepresidencia Pyme a Arano, y Ureta Sáenz Peña ocupará una de las vicepresidencias por ADEFA en mérito a la enorme expansión que registra la industria automotriz.
La reunión se cerró con bocaditos, champagne y corrillos en los que no se ocultaba la satisfacción por la promesa de Miceli. Algo apartados, Méndez y su antecesor en el cargo Alberto Alvarez Gaiani departían sonrientes, como dos viejos guerreros a los que les había llegado el descanso. A no engañarse: Méndez se convertiría en un interlocutor privilegiado en el diálogo con el gobierno y Alvarez Gaiani velaría las armas para pelear por su continuidad al frente de COPAL.
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