26 de diciembre 2001 - 00:00

Moneda con flotación ante el peso y el dólar

El economista David Expósito fue uno de los ideólogos de la tercera moneda. En su desarrollo trabajó junto a Martín Redrado, quien lo presentó al gobernador de San Luis y hoy presidente, Adolfo Rodríguez Saá. La idea de Expósito fue aceptada y se lo nombró presidente del Banco Nación. En esta nota da precisiones de cómo funcionará la nueva moneda y cómo será su cotización. Habla de una flotación sucia.

La limitación a la disponibilidad de los depósitos en el sistema financiero a partir del 3 de diciembre es consecuencia de la corrida bancaria que se produjo durante noviembre (se perdieron más de $ 4.000 millones) con su epílogo del fatal viernes 30, cuando en un solo día se perdieron casi $ 2.000 millones.

La crisis de confianza es el determinante principal de la caída de la velocidad de circulación; la reducción de la oferta monetaria y de la capacidad prestable del sistema es consecuencia de la caída de las reservas internacionales y de la fuga de depósitos del sistema financiero. El resultado final es que se acentúa el proceso deflacionario y que el nivel de la recesión (claramente hiperrecesión) empuja a continuas y acumulativas caídas del nivel de actividad económica que pueden llevar a la Argentina a un escenario de depresión económica y conflicto social generalizado.

Por tanto, el programa de déficit cero al que la Argentina se comprometió no es viable. Porque déficit público cero implica déficit privado cero y déficit de familia cero, con lo cual a la baja del gasto público deberá adicionarse la caída del consumo y de la inversión privada.

La acentuación del proceso recesivo conlleva, debido a la ausencia del crédito bancario, una nueva declinación de la recaudación tributaria, que lleva nuevamente a incrementar el déficit fiscal, obligando a mayor reducción del gasto público, lo cual hace que el círculo vicioso se retroalimente. En un contexto recesivo, los ejes de la política fiscal y financiera deben ser aumento del gasto público, reducción de impuestos y reducción de las tasas de interés para acelerar el proceso de reactivación y retomar el camino del crecimiento económico. Estados Unidos, en un escenario recesivo más moderado, está reduciendo los impuestos, está bajando la tasa de interés (la Fed llevó a 1,75% anual la tasa de fondos federales) y además está incrementando el gasto público. La propuesta del FMI, entonces, pareciera ser déficit cero o más recesión, o quizá devaluar el peso para corregir el tema de la competitividad, y a partir de la corrección cambiaria restablecer la confianza y esperar que crezcan el consumo y la inversión. Este enfoque del FMI es erróneo y, de insistir en ese esquema, será el responsable de la quiebra pública y privada de la Argentina. La devaluación de la moneda en forma abrupta requiere cambiar la Ley de Convertibilidad (el tipo de cambio 1 x 1 está fijado por ley) y parece difícil que el Congreso apruebe una ley en ese sentido. Hacerlo por decreto de necesidad y urgencia significaría una enorme cantidad de juicios entre particulares y contra el Estado. La devaluación provocaría una severa crisis de pagos, quebrando familias y empresas, también el sector público (excepto que se desdolaricen las deudas antes de devaluar o flotar).

Dolarización

Por otra parte, a partir del Decreto 1.570/01 se dolarizan los préstamos y depósitos del sistema financiero, con lo cual nuevamente se igualarán en los próximos días la base monetaria y la circulación monetaria, al nivel de $ 10.000 millones. Esto implica la dolarización de hecho del sistema financiero y un reducido impacto de una devaluación sobre la base imponible constituida por la circulación monetaria.

Está claro que la Argentina tiene: a) un problema de competitividad, b) un problema de insuficiencia de la demanda agregada y c) un severo cuadro de iliquidez, por la crisis de confianza y el cese de ingresos de capitales del exterior y la corrida bancaria.

¿Cómo enfrentar simultáneamente estos tres problemas, sin modificar la paridad cambiaria y tratando de reducir el déficit fiscal en pesos todo lo que sea posible? La solución es la creación de una tercera moneda:
el Argentino (Arg), una moneda de carácter inconvertible. Esta moneda debe reemplazar a todos los bonos cuasi dinero como el Patacón, el LECOP, el Quebracho, el Secor, etcétera.

El mantenimiento del peso como moneda de curso legal y forzoso es a los efectos de constituir reserva de valor en el sistema financiero, como para permitir el repago de la deuda en pesos y/o dólares, al tipo de cambio vigente. Los exportadores ofertarán dólares al BCRA y recibirán pesos (supuesto del mantenimiento del control de cambios establecido el 3/12/ 01); ésta será la única fuente de creación de pesos, dado el corte del crédito internacional y el déficit del balance de pagos. Los importadores accederán al Banco Central para comprar dólares, poniendo los pesos necesarios.

La creación de la nueva moneda, el Argentino, debería hacerse por decreto de necesidad y urgencia, que debe establecer el monto de la emisión inicial (Arg 15.000 millones, por ejemplo). La contrapartida será un bono de deuda interna llamado BONAR, con vencimiento entre 2011 y 2015 (3.000 millones por año). Este es el procedimiento tradicional de emisión de moneda en la mayoría de los países del mundo.

Con la moneda nueva debe construirse un presupuesto
con un déficit inicial de 12.000 millones, debido a una recaudación de impuestos no menor a 3.000 millones de Arg, a lo largo de un año. Para simplificar, ello implica un gasto público mensual de 1.250 millones distribuidos de la siguiente manera:

a)
1.000.000 de sueldos de 200 Arg, para desocupados, pagados directamente en ventanilla de banco acreditado en caja de ahorro (con el actual régimen de tarjeta de débito). Ello supone 200 millones de Arg mensuales.

b) Un plan de viviendas populares, 120.000 viviendas de 20.000 Arg cada una, con materiales de fabricación nacional. Ello supone 200 millones de Arg mensuales.

Para imponer la circulación del Arg (ley de Gresham mediante) se deberán hacer todos los pagos del Estado nacional, de los Estados provinciales y municipales, en una proporción de 70% en pesos y 30% en Arg (estas proporciones son indicativas). Para ello deberá reponerse a empleados públicos y a jubilados el descuento de 13%, bajar el gasto en pesos en 17% y así pagar las obligaciones del sector público en hasta 30% de Arg.

Los sueldos de los empleados públicos requerirán 400 millones de Arg mensuales; habría que ver si puede extenderse el sistema a jubilaciones y pensiones. La coparticipación impositiva debe retomarse al piso pactado originalmente: 1.364 millones, pagando 30% en Arg, lo cual equivale a otros 400 millones de Arg. Los números deben ser precisados; quizá un shock monetario requiere arrancar con 2.500 millones mensuales para luego ir declinando el gasto nuevo muy rápidamente.

El sistema financiero comenzará a colectar depósitos en Arg en cuenta corriente, en caja de ahorro y en plazo fijo. La tasa pasiva debe ser baja como para que las tasas activas de esta moneda no superen el nivel de 10% anual. El encaje inicial no debería ser superior a 10% para una rápida expansión del dinero bancario.
Se trata de que crezca la demanda de créditos en Arg y se reduzca el stock de préstamos en dólares y pesos.

La paridad dólar-Arg o peso-Arg sería establecida bajo un régimen de flotación sucia (con intervención del BCRA) en un mercado spot y un mercado a término institucionalizado.
Si la moneda fuera devaluada 40% por el mercado (si los pagos fueran 70/30), habría una reducción del costo de producción de 12%.

Si el ajuste cambiario que se necesita es de 25%, la diferencia puede obtenerse con reintegros a la exportación, o cambiando la mezcla de pesos y Arg a los efectos de hacer los pagos, como se describiera anteriormente.
Para regular la cantidad de Arg disponible en el mercado monetario, para atenuar el impacto sobre el nivel de precios y sobre el nivel del tipo de cambio, hay que utilizar los instrumentos tradicionales de la política monetaria. Estas políticas son: a) de encajes, b) de operaciones de mercado abierto y de redescuento. La política de redescuento facilitaría la refinanciación generalizada de los préstamos del sistema financiero y también proveería de liquidez a las nuevas carteras de préstamos producto del canje de títulos de la deuda pública.

El programa del déficit cero no tiene destino exitoso de modo alguno.

De la hiperrecesión que arrastramos, y ahora de la hiperiliquidez, sólo se sale con una política de shock y no con medidas económicas de «activismo gradualista».

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