Ha sido presentada cuando se está por debatir la derogación de una ley de vergüenza, la ley de «subversión económica». Una norma que tipificó como delito la conducta de quien «con ánimo de lucro» pueda llegar a «comprometer injustificadamente» el patrimonio de una empresa. Una arbitrariedad. Esa ley totalitaria puede «servir» para perseguir o castigar a cualquier empresario que, corriendo el «riesgo» comercial que conlleva su carácter de tal, no tenga éxito y pierda en su emprendimiento. Desalienta la inversión y genera desocupación. Más aún, porque perturba el desmejorado «clima» de negocios en un país semifundido.
Los presuntos «delincuentes» a los que apuntan serían «la banca internacional» y el FMI.
El argumento central se apoya en «conclusiones» por ellos extraídas, evidenciadas por el comportamiento de dos rubros del balance consolidado del sistema financiero argentino. Esto es: «otros créditos por intermediación financiera» y «otras obligaciones por intermediación financiera».
Aparece manifiesto un desconocimiento de algunas operaciones financieras habituales. Como la compra y venta de activos financieros (trading). Así como de su registración contable. Además, se dejan de lado los cambios en la normativa emanada del Banco Central que tuvieron lugar precisamente durante el período analizado por estos políticos. Claro, si también se pretende involucrar al propio Banco Central en la «maniobra» fuerzan cerrar un círculo «delictivo», pero fantasiosamente. Con este artilugio argumental cualquier ciudadano que cumpla una ley sería «culpable» si se lo acusa de complicidad con los legisladores que la dispusieron. Entrar en una polémica con el escudo al acusador, Mario Cafiero, de poder citar como «cómplices» de los bancos que operan en el país al Banco Central y a los 183 países miembros del Fondo Monetario resta seriedad a la acusación. Es obvio, caeríamos en las «teorías conspirativas», como dicen los políticos argentinos, y en esta polémica con carácter ecuménico por la magnitud de los conjurados contra las finanzas argentinas.
¿Creerá seriamente Mario Cafiero que el mundo se ocupa en conspirar contra nosotros en lugar de preocuparse por el terrorismo internacional luego del 11 de setiembre o de la posible inminente guerra nuclear entre Pakistán e India, por ejemplo?
Veamos con más precisión en el comunicado de ABA en qué se equivocan estos políticos «aristas».
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