El gobierno de Néstor Kirchner jugó ayer una carta extrema al suspender las exportaciones de gas a Chile, porque la medida puede derivar en más juicios al Estado en tribunales internacionales por violación de contratos y perjudicar la relación con el país trasandino. También podría afectar al Mercosur (Chile es un país asociado al bloque) por la imprevisión del gobierno, que pretendió favorecerse políticamente con tarifas bajas, pero a costo de no dejar capital a las empresas para la indispensable inversión en exploración. Lo hizo Kirchner porque necesita tener gas asegurado para las usinas térmicas que generan electricidad ya desde la semana que viene y también en el invierno. La decisión oficial se conoció a última hora de anoche, mientras durante el día se ordenó a la central nuclear Embalse parar la salida por mantenimiento, aunque eso significaba arriesgarla, por tercera vez en el último mes. Sin gas se necesitaba la energía de Embalse o iban a comenzar los cortes eléctricos, primero para las industrias, pero no se descartaban también a los hogares. El fantasma de la crisis eléctrica que afectó al gobierno de Raúl Alfonsín, la posibilidad de que se parara el crecimiento industrial y la previsible reacción adversa del público terminaron con la decisión de suspender la exportación, aunque sea otro desprestigio para una Argentina en default internacional. Pero, en contrapartida, está asegurado que en tres o cuatro días Embalse saldrá para su mantenimiento. Las postergaciones de esta salida preocupaban a expertos, por el riesgo que se corre al imcumplir los plazos de revisión en una central nuclear.
Según trascendió en medios oficiales, esta actitud de Kirchner se debió a que las productoras dijeron el miércoles que no contaban con 5 millones de metros cúbicos diarios para entregar a las generadoras de electricidad.
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