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11 de julio 2008 - 00:00

"No hace falta un dólar alto para poder exportar"

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«Si un un modelo productivo depende de un tipo de cambio artificialmente inflado, ese modelo productivo no sirve. Grandes países como Alemania, Francia o Japón son exportadores, y Brasil, que revaluó su moneda casi 100%, es una potencia exportadora.» La definición es de David Stalman, presidente de la Cámara de Grandes Marcas (CGM) que agrupa a 45 de los principales nombres de indumentaria y calzado del país.

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Stalman -que fue socio de Vesubio-Lacoste hasta que se la vendió al Exxel Group hace una década-parece contradecir las habituales manifestaciones de la Unión Industrial Argentina (UIA) respecto de la necesidad de proteger la actividad fabril local mediante la suba de la tasa de cambio. «Este no es un país que aliente las exportaciones; lo lógico sería que hagamos lo que sabemos hacer bien, e importemos el resto».

Stalman sostiene que la casi nula diferencia de precio entre una prenda confeccionada en la Argentina y una comprada en cualquier otra gran ciudad del mundo «es un problema de escala: Levi's encarga un millón de jeans de cada color, y una marca local le pide a su confeccionista 20 de cada color...».

El empresario, junto al vice de la CGM, Héctor Borrell, anunciaron un «plan quinquenal estratégico» para suplir las carencias de la cadena de valor del sector textil, calzado y marroquinería. «De ningún modo estamos volviendo a importar como se hizo en los 90; de hecho, todavía 70% de la indumentaria que se vende en el país es fabricada aquí. Pero también hay que entender que ningún país fabrica absolutamente todo: lo que no puede hacerse en la Argentina debe traerse de afuera», coinciden los directivos, cada uno de ellos alto ejecutivo de una marca.

En este sentido, mencionan la falta de «telas planas», una especialidad que las hilanderías locales no producen; también admiten que «quedaron una o dos fábricas de trajes, y las camperas se traen casi todas de afuera porque aquí no hay tecnología de punta para hacerlas».

La obvia pregunta que cabe hacerse es por qué los empresarios del sector no aprovecharon los casi seis años de bonanza y de un mercado prácticamente cerrado para reequiparse y modernizarse. «Esto es la Argentina: los empresarios no se olvidan de los vaivenes de las políticas económicas de las últimas décadas. También es un hecho la falta de crédito a tasas razonables para comprar maquinaria. En cualquier lugar del mundo esas inversiones se financian; acá se pretende que sea el empresario quien las pague de su bolsillo», dice Stalman.

La actividad, coinciden, «creció 20% en cantidad de unidades vendidas en el primer semestre del año respecto de 2007. Si se mantiene esta tendencia, la industria -que en caso del calzado ya está trabajando a full-se verá desbordada por la demanda».

Ambos afirman que el «frío» provocado por el conflicto con el campo «se sintió más en las ciudades medianas del interior que en las capitales y en el GBA. Por ahora, al menos...».

Aseguran que no se notó la caída del número de turistas en las ventas de los shopping centers, donde se ubica la mayoría de los locales de sus 45 asociados. Y reconocen que «la actividad de los falsificadores y prendas 'truchas' sigue siendo cerca de 50% de toda la venta de ropa en la Argentina».

S.D.

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