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30 de agosto 2007 - 00:00

Obligan a EE.UU. a bajar la tasa

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Alan Greenspan y Ben Bernanke
Si una huella quiere dejar Ben Bernanke de su paso por la jefatura de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, es establecer un método. Dicho método probablemente incluiría la adopción de metas explícitas de inflación, en contraposición con el actual sistema vigente en el que la Reserva Federal balancea los riesgos de recesión e inflación para ajustar su política de tasas de interés, pero sin comprometerse con un rango definido de variación en los precios. Más aún, en cuanto a las prácticas de resolución de crisis bancarias, es probable que el maletín de Bernanke contenga algunas ideas diferentes de las que aplicó, por ejemplo, Alan Greenspan cuando sentó a la mesa a las principales firmas de Wall Street para resolver la crisis provocada por la caída del fondo Long Term Capital Management.

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Probablemente, a los ojos del nuevo titular de la Fed, el estilo de acción de su predecesor podría ser asociado, quién sabe, aunque sea sólo un poco, a las prácticas de un brujo que con su caldero elaboraba una poción infalible para aplicar cada vez que la economía entraba en shock: la baja en las tasas de interés. Rápida y en cantidad. Luego el efecto riqueza y el aumento en la confianza harían el resto. Resulta difícil imaginarse que bajo dicha metodología, el cálculo del impacto de la baja de tasas sobre los precios mediante el uso de un vector autorregresivo fuera lo primero que mirara el anterior titular de la Fed. Más bien, la evolución de las Bolsas, el estado de ánimo, la «auscultación» del paciente parecían ser las variables clave a la hora de determinar la política de tasas.

Condimentemos esto con los mensajes floridos y herméticos que se ocupaba de desgranar Greenspan y comparémoslo con el uso de comunicados cada vez más cortos y concisos de Bernanke y descubriremos que, finalmente, la ciencia ha llegado al rescate.

En ese marco, no les alcanza a los «tecnológicos de la Fed» con el clamor de los mercados, las caras de preocupación y la búsqueda desesperada de activos libres de riesgo para decretar que se inicia un ciclo bajista en las tasas de interés.

Hacerlo sería casi como volver a utilizar el caldero donde se cocía la antigua receta mágica. Después de todo, el PBI del segundo trimestre en los Estados Unidos creció cerca de 4%, y el impacto de la crisis en el sector inmobiliario ya se había achicado a sólo 0,5% del producto. Más aún, el PBI neto de construcción residencial crecía a un ritmo cercano a 4,5%. A su vez, la tasa de inflación núcleo (o «core» en inglés) corre a un ritmo de 2,2% desde hace un trimestre, por debajo de 2,9% que mostraba en setiembre de 2006, pero por arriba de 2% que la nueva conducción de la Fed esboza tímidamente como un objetivo todavía flexible de su política. Más aún, dudará Bernanke. ¿Resolvería una baja de tasas la contracción en el crédito de corto plazo que aqueja a la economía? El stock de «comercial papers» bajó 9% entre el 25 de julio y el 22 de agosto, y no da señales aún de recuperarse. Y estamos hablando de deuda emitida a 90 días y que rendía, antes de la crisis, apenas unos pocos puntos básicos por encima de los bonos del Tesoro norteamericano.

  • Perspectiva

    Contra una economía que todavía no envió señales contundentes de caída y una inflación rebelde, la baja en los precios de la propiedad que mostró el índice Case-Shiller en junio respecto de mayo sólo hace esperar una caída mayor en julio y un empeoramiento en la calidad de los colaterales hipotecarios que respaldan a los centenares de miles de millones de dólares de deudas que enviaron al piso a numerosos fondos en Estados Unidos y en Europa. ¿Puede resolverse el problema de racionamiento crediticio en un contexto de deterioro adicional de los precios inmobiliarios en Estados Unidos? Muy difícil.

    Ese es el dilema de la Fed. Será la hora entonces de dejar los vectores autorregresivos para más adelante y de aprontar el caldero donde se cocinará la primera baja en las tasas de los fondos federales en la era Bernanke. Ocurrirá el 18 de setiembre, en la próxima reunión del Comité de Mercado Abierto, y en la dosis homeopática de un cuarto de punto.

    Si así no ocurriera, a los efectos que sobre el crédito que ya provoca la baja en los precios de las propiedades, se agregará el impacto del efecto riqueza negativo que sumaría la caída en los valores bursátiles provocada por la obstinación de la política monetaria. Contra ello, es difícil que remen las convicciones académicas de Bernanke. Será la hora de comenzar a explicar que la resistencia a la baja de la inflación se deriva de condiciones internacionales que afectan a los precios de los commodities. Pero que bien medida, la inflación ya comienza a converger a la zona de confort.
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