Hay muchas formas de ver la crisis. Por ejemplo, las acciones de más de 100 de los integrantes del S&P500 valen menos de u$s 10, no llegan a 25 las que valen más de u$s 100 y algo más de un tercio de las 500 empresas integrantes deberían de ser excluidas -no ocurre porque no hay con qué reemplazarlas- porque su capital no alcanza el mínimo (u$s 4.000 millones) para formar parte del índice. Es cierto que 5,56% que se desplomó ayer el Dow al cerrar en 7.553,56 puntos es mucho más "teatral" (sobre todo porque 10 minutos antes de la una de la tarde trepaba 2,37% cuando parecía que se anunciaría un acuerdo bipartidario de rescate a las automotrices), pero es más probable que los precios se estabilicen e incluso que se recuperen, antes que el S&P500 se normalice. Podríamos ponernos a explicar uno y mil argumentos que justifican el derrumbe en las tres últimas horas de operaciones (sobreventas, hedge funds, etc.), pero la jornada de ayer no fue sino un grano de arena en una playa de bajas y noticias que, más que malas, preferimos definirlas como reflejo del desmanejo de los últimos años en todo el globo. Optamos entonces usar este espacio para resaltar el pánico que le tiene hoy la Fed a la posibilidad de que la economía entre en una "trampa deflacionaria" que bien podría extenderse más de cinco años. A pesar de las bravatas de los funcionarios (se escudan en la falta de liquidez, lo que en parte puede ser cierto -pero nunca más allá del costo de intermediación-), ayer todas las tasas hablaban de deflación: la de los treasuries a tres meses cerró en 0,02% y a dos y treinta años quedaron en mínimos históricos (0,979% y 3,478% anual). Pero tal vez más significativo que esto fue que la tasa de los Treasuries Indexados (TIP) a cinco años implica una inflación anual en torno a -0,7%. No sabemos si será así, aunque estamos seguros de que vendrán tiempos más difíciles para la "economía real". ¿Más bajas bursátiles? No necesariamente.
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