8 de septiembre 2005 - 00:00

Para ahorrar energía, venderán heladeras de bajo consumo

La obligación de vender heladeras que sean eficientes y ahorren energía se concretará a fines de agosto de 2006, según lo dispuso la Secretaría de Energía.
Está en vigencia desde fines de agosto una iniciativa de mediados de los '90, que fue desempolvada por el Palacio de Hacienda y pretende generar un ahorro de consumo de energía equivalente a 25% de la capacidad de la represa del Chocón por año.

La norma en cuestión constituye uno de los primeros pasos para concientizar a la población sobre el uso racional del consumo energético.

Se trata de una resolución de la Secretaría de Energía por la cual todo aquel que fabrique o comercialice heladeras deberá certificar, mediante una etiqueta, el nivel de eficiencia energética.
O sea, cada heladera que se fabrique localmente o se importe tendrá que ostentar una etiqueta que explicite si es de bajo o alto consumo de energía. En 1995 la entonces Secretaría de Comercio Interior emitió una resolución (la 319) por la cual se establecía la obligación de etiquetar las heladeras, como estaban haciendo en el mundo desarrollado. Pero el lobby de los fabricantes locales logró que el gobierno suspendiera la vigencia de la norma.

Recién entre 2002 y 2003, el área de Defensa de la Competencia recuperó la norma, y, en enero pasado, el Poder Ejecutivo implementó el control del consumo de energía de las heladeras, al incorporar un nuevo elemento de referencia al precio, la marca y la calidad: el nivel de eficiencia energética del electrodoméstico. En la última resolución, la Secretaría de Energía otorgó un año de plazo para que tanto los fabricantes como los importadores se adecuen a la norma. La política en cuestión tiene por objetivo que las heladeras que se fabriquen o se importen deberán tener un nivel mínimo de eficiencia requerida.

A nivel internacional se califican las heladeras en siete rangos desde la letra A (la más eficiente o más económica) hasta la G (la menos eficiente o menos económica). Esto ya rige, por ejemplo, en la Unión Europea, en Estados Unidos, Japón y hasta en Brasil. En todos estos países, salvo en Brasil, donde el régimen es voluntario, la normativa exige que sólo se pueden vender o importar heladeras calificadas como A, B o C.

En la Argentina la primera etapa es etiquetar todas las heladeras nuevas desde la A hasta la G, para luego, en una segunda fase, exigir la obligatoriedad de un mínimo de eficiencia entre A y C.

Esto tiene implicancias para la actual industria local, que deberá adaptar la matricería a los futuros requerimientos de eficiencia energética. Para ello tendrá un año. La clave pasa por el espesor de las paredes de la heladera, o sea el aislamiento, más que por la eficiencia del motor. Tanto los fabricantes locales como los importadores deberán registrarse para que laboratorios autorizados como el INTI hagan ensayos y certifiquen que sus heladeras cumplen con los mínimos de eficiencia energética para poder ser comercializadas. Meses atrás, México prohibió el ingreso de varios contenedores de China con heladeras calificadas por debajo del nivel G. Esas 15.000 heladeras chinas terminaron en el mercado argentino.

• Promedio

El secretario de Política Económica, Oscar Tangelson, explicó a este diario que «en la actualidad el promedio de las heladeras en el país son de nivel D. No estamos tan mal, pero ir pasando al mismo nivel promedio de la UE (un B) implicará para una familia tipo un ahorro de 15% en la facturación de la luz, o sea un bimestre por año». ula

Tangelson
estima que «si la Argentina cambia el parque de heladeras, que hoy tiene una antigüedad de 10 años promedio, ahorrará el equivalente a 25% de la capacidad de generación de energía del Chocón, o sea, un Chocón cada cuatro años».

La idea, agregó el funcionario, es que la gente tenga otra variable para decidir cuándo compra un electrodoméstico ( porque esta norma se extenderá luego a lámparas, lavarropas, aires acondicionados, motores eléctricos). El porqué de comenzar con las heladeras es sencillo, es el artefacto eléctrico que está funcionando todo el día y uno de los que más energía consume.

Un técnico de la Secretaría de Energía señaló que
de la factura de la luz que paga una familia tipo 30% es consumo para conservación de alimentos (heladera), 32% es iluminación y el resto, otros aparatos. De allí surge el ahorro de 15% en la factura mensual de la luz, estimando 50% menos de consumo de energía por mayor eficiencia.

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