Duhalde dejó de comer y el ministro cambió de tema: para lamento del Presidente y de De Mendiguren habló de otra imposibilidad, la de obligar a los acreedores a resarcirse capitalizando el dinero prestado, como se proponía en la versión original de la « De Mendiguren se alarmó pero los argumentos de Remes fueron implacables: «Si siguen adelante con eso nos sacan del planeta, la presión internacional es insoportable».
Duhalde pareció resignarse y De Mendiguren se mostró más activo: dispuso que uno de sus principales asesores comenzara a negociar en favor de «Clarín» y otras empresas alguna vía intermedia, más tolerable para el exterior.
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