11 de abril 2002 - 00:00

Picardías con bonos

(El periodista dialoga con un economista que entrevistó al enviado del FMI, Anoop Singh.)

PERIODISTA: ¿Sigue el pleito por la cuasi moneda emitida por las provincias?

Economista: Se avanza en un compromiso, pero hay desconfianza política: saben que además de títulos y bonos provinciales, hay intendencias que por su cuenta han entregado «papeluchos» como parte de pago y otras que ceden «vales» justificando ayuda alimentaria. Habrá que jurar, comprometerse y luego no mentir. Eso resulta difícil, al menos para la tradición argentina. Pero aún así, a pesar de la desconfianza parece que sale ya financiación del FMI para que las provincias no emitan más.

P.: ¿Y será así?

E.: Mire, hay gobernadores ... cómo le diría, permisivos. Tal vez otro debiera ser el calificativo. Además de salir del ahogo financiero, se han advertido situaciones que nada tienen que ver con la liquidez. Olvidémonos de las denuncias sobre una mayor emisión de la confesada. Hay otras anomalías.

P.: ¿Por ejemplo?


E.:
Bueno, empecemos con la impresión de títulos de «baja denominación». Allí, como dicen los libros de economía, no sólo se busca que el público acceda a la quasi moneda para pagar cualquier cosa, desde un televisor a un boleto de tranvía. También, como dicen los textos, el emisor luego gana en el rescate porque los billetes de «baja denominación» se pierden, se extravían, se guardan inútilmente. En fin, hay una ganancia implícita para el emisor entre 3 y 10%.

P.: Bueno, está en todos los libros.


E.:
Sí, por eso vemos ahora que hasta emiten billetes de 50 centavos. Pero, lo que no está en todos los libros, es la historia de un gobernador que imprime billetes de pésima calidad, tanto en papel como en otros materiales, de modo que -como él mismo no sólo reconoce sino que publicita- a la hora del rescate desaparece hasta 20% de la emisión. Convengamos que es casi una estafa.

P.: ¿Singh está en esos detalles?


E.:
En rigor, Singh está en la macro , son otros funcionarios del FMI los que siguen esos detalles. Singh lo único que le dijo a Remes, cuando llegó, fue lo siguiente: «Usted me dijo que viniera a la Argentina porque iban a estar todas las reformas. La verdad es que no hay ninguna». El ministro le reconoció la falta, le confesó que hay gente en el oficialismo que opera en contra -bajo el fundamento de «no hagamos nada porque nos van a dar muy poco y, entonces, pagamos un precio político que no nos sirve»-, pero que Duhalde se había comprometido con el ultimátum. Y algo saldrá. Después veremos qué ocurre.

P.: Singh funciona como un profesional, ¿se distrae de todo o manifiesta algún sentimiento?


E.:
Si bien es cierto que este hombre vio pasar tres gobiernos y una matanza en Indonesia mientras negociaba el default de ese país como enviado del FMI, la sensación que tenemos es que está más cerca de Horst Köhler que de Anne Krueger.

P.: ¿Y cuál es la diferencia?

E.: Se lo voy a decir en castellano. Ella dice: «Los argentinos deben hacer todos los deberes y si no, que se jodan». Köhler y Singh pueden usar la primera frase y prescindir de la segunda.

P.: ¿Cómo es lo de los vales?

E.: Ese tema hasta se lo llevaron a la mujer del Presidente, a Chiche Duhalde, ya que sucede en áreas del conurbano y se supone que ella controla esa cuestión social y a esos intendentes. Lo que han hecho y hacen es entregar vales de comida que equivalen a dos pesos, pero que en gran parte son vendidos luego a 50 por ciento en un mercado secundario. O sea, no se acerca comida en muchos casos y se alienta una especulación miserable.

P.: ¿Y qué dijo ella?

E.: Prometió ocuparse, pero la verdad es que tiene tantos problemas con la promesa de los 150 pesos por jefe de familia, que dudo mucho pueda encontrarle una solución. Con la entrega de plata ya advierten situaciones discutibles por más computación incorporada que exista y, además, ahora descubren que el Estado ha perdido el poder de compra -más barato, obvio- al salirse del mercado de los alimentos.

P.: ¿Usted quiere al Estado en todo?


E.:
No, lo que no quiero es que se pierda la plata y la gente, finalmente, pierda la posibilidad de comer. Parece muy complejo eso de repartir plata entre los indigentes. Además, el capítulo de la política no se cierra: ganan los grupos piqueteros, pierden los sindicatos, también se generan desequilibrios políticos serios con aquellos que no pueden participar en el reparto. Es una cuestión preocupante. No en vano hace 4 meses que están con el tema y todavía no han podido hacerlo funcionar.

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