Quizás el ambiente casi ideal del lunes se imaginó como reiterándose durante la segunda rueda. Un posible aumento holgado del índice, sin necesidad de consumir energías extra y llegando a un cierre poco comprometido por las ventas. De hecho, el escenario pintó de tal forma como para dejar que el Merval hiciera otro máximo -en 1.663-, aunque, posteriormente, quedaría nada más que para el intradiario. Fue como poder volar alegremente, pero ya no estarían en soledad los alcistas más entusiastas.
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Había que desplegar más órdenes, y se hizo, pero no alcanzó con la dilatación. Y el arreciar de ventas hizo volcar las aspiraciones, hasta llevar al indicador a piso de 1.642 puntos: con cierre levemente superior, 1.644, y 0,34% de caída. Puntas tan abiertas, como que cabían unos veinte puntos entre extremos, quedando como logro mayor el haberse podido probar un talle más grande, aunque no se lo pudo llevar en esta ocasión. Quedó para otra...
El volumen tan depreciado el lunes, de $ 63 millones, ayer recibió una descarga de órdenes que perteneció -en especial- a la oferta. Así, se computaron $ 89 millones de efectivo en acciones, convirtiendo la rueda en sumamente disputada y con notorios desniveles, según los pasajes. No se pudo evitar el desagio, sufriendo las líderes ataques de venta que obstruyeron el ascenso. Un período que se hizo más dinámico, ya con los dos equipos en el terreno. Y ahora, a esperar por el «fantasma» de tres dígitos: ¿cuándo surgirá en la semana?
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