13 de mayo 2004 - 00:00

Plan energético bueno como malo el de seguridad

Como se sostiene que el Plan de Seguridad de Gustavo Béliz es malo e improvisado se reconoce que el plan energético de Julio De Vido es bueno. Más aún: éste es el primer aporte real a algo que se le criticaba al gobierno Kirchner como era, precisamente, que no tuviera planes económicos más allá de enfrentar la coyuntura.

Que el Plan de Seguridad de Béliz es malo lo prueban los continuos tropiezos que está teniendo en las gobernaciones, en las legislaciones provinciales, en el Congreso Nacional, en el Poder Judicial. Todo eso agravado porque este poco respetable ministro de Justicia comete -o acata, lo más probable-planes poco serios como haber decapitado a 107 altos jefes de la Policía Federal cuando oficialmente se admitió que sólo 30 de ellos tenían algún antecedente o sumario comprometedor, además de ser violatorio de todo derecho individual sancionar antes de que la eventual culpa de un su-mario quede dilucidada. Lo contrario sería eliminar -por funcionarios o delincuentes-a policías que no agraden con sólo formularles una denuncia que origine un sumario.

La nueva decapitación de la Policía Federal, entonces, sólo puede obedecer a la intención de que al subsistente jefe de la repartición, comisario Prados, y al cuestionado ministro Béliz se los obedezca con obsecuencia, más allá de la lógica disciplina, por temor a perder el puesto. Un régimen de terror no democrático, ciertamente.

Es lamentable esta purga alocada porque podría afectar algo muy valioso que se ha logrado en el último mes en el país: una notable reducción de los delitos graves, inclusive la nulidad de secuestros relevantes. Esto posiblemente se deba a la extraordinaria repercusión que tuvo el asesinato del joven secuestrado Axel Blumberg, la sorprendente campaña por la vida que lanzó su padre, Juan Carlos Blumberg, más la propuesta de leyes más severas que una a una le va sancionando el Congreso y la adaptación en legislaturas provinciales. Sin contar el tremendo efecto social y de repercusión pública que tuvieron las manifestaciones masivas de este padre tan dolorido que hoy tiene más firmas a favor de sus propuestas que votos que reunió el actual presidente de la Nación para asumir. Eso es lo más positivo hoy para la sociedad y la relativa mayor seguridad de que goza.

La designación de figuras «bravas» (con los subordinados), como León Arslanian en la seguridad bonaerense, o «las purgas» de Béliz suenan sólo como un complemento de aquel contexto para esta mejora casi instantánea de la seguridad. El efecto «purgas» y el maltrato interno a policías, desde el momento que deja heridos innecesarios casi siempre en las fuerzas de seguridad, seguramente hará volver la inseguridad tras el impacto inicial porque afecta poco y nada a los delincuentes. El efecto Blumberg y leyes más severas, en cambio, tienden mejor a remitir el delito a niveles razonables.

• Lógica

En cambio, el plan energético con mayor retención a empresas petroleras para infraestructura hoy por hoy tiene mucha lógica y mejoró la imagen pública del Presidente. Se puede aceptar que un gobierno predominantemente patagónico le ponga retención cero a la exportación del famoso cordero de esa región, pero ¿qué sentido tiene ponerle una retención baja de 5% a la exportación de gas licuado como si se la quisiera favorecer cuando la Argentina es un país con tenencia limitada de ese producto del subsuelo, con reservas hoy sólo para 12-13 años?

Estados Unidos es un país que podría ser el mayor productor del mundo de petróleo pero retrotrae su extracción y prefiere importar -algo que agranda su enorme déficit comercialporque tiene plena conciencia de que es un bien no renovable que alguna vez se agotará. Aspira así, explotando poco y comprando mucho, a ser, con hábil estrategia, de las últimas naciones en la historia que mantengan petróleo hasta que otras formas sustitutivas de energía hayan avanzando.

La Argentina, que no es país petrolero, tiene muchísimas menos reservas, deja libremente su explotación y alienta venderlo al exterior con retenciones más bajas que a los productos del campo; ¿por qué?

El otro aspecto del plan, crear una empresa estatal petrolera nuevamente, es difícil aún de juzgar en su alcance. En nuestro país todo lo que manejó el Estado o mantuvo bajo su órbita funcionó y funcionará mal. Influye la manera de ser del argentino. Es por la maldad innata producto de mezcla de ancestros. Se desprecia, rompe y roba lo que es del Estado. A nadie le parece delictivo designar cantidad exorbitante de empleados públicos para gastar desaprensiva e ineficazmente el ingreso público. No se puede justificar, pero al menos explicar, que en época de miseria haya gente que desaprensivamente robe placas de bronce de monumentos y plazas para lograr un ingreso mal habido, desde ya. Pero ¿qué sentido tiene, qué beneficio provoca que cada año haya que restaurar 70% de las señales de tránsito en todos los caminos del país por deterioro intencional?

Por eso se duda frente a la creación de una nueva empresa estatal, porque casi inevitablemente será burocratizada. Fuera de ese reparo no sería mala idea porque si algo es reprochable con seriedad a la década menemista, más allá de las pavadas que a veces se le endilgan, muchas por envidia por la forma en que desarrolló el país con democracia plena y libertad de prensa absoluta, es que no haya ayudado a crear capitales nacionales. Por eso esta empresa ENARSA, dentro de un plan energético coherente, en principio no puede ser criticada como propósito en sí.

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