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Si bien el nuevo tipo de cambio los favorece en cuanto a costos laborales, el dilema pasa por lo impositivo, como ocurre en otras áreas de la economía argentina.
La idea de rearmar una flota nacional, que en los '80 funcionaba con 160 buques promedio y ahora tan sólo con 9, intenta restablecer contribuciones millonarias que la balanza nacional percibía a través de los fletes tomados como exportación de servicios.
«Desde 1980 a 1991, la contribución llegaba a u$s 200 millones-u$s 250 millones anuales. El año pasado, la cifra fue de u$s 22 millones, sólo 10%», explicó Gustavo Vilgré Lamadrid, presidente del Centro de Capitanes de Ultramar.
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