Un país que no genera condiciones para atraer inversiones genuinas y sustenta su crecimiento exclusivamente en las buenas perspectivas externas que sólo son producto de «momentos» a nivel mundial y que no puede dominar, está condenado a repetir errores. Y el gobierno no toma debida cuenta de ello. Es más, insiste con subirles los costos a las empresas. Como lo propone el proyecto de ley de accidentes de trabajo que este mes tratará el Congreso.
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