Presionarán por un ajuste inmediato para las tarifas
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Según la presentación en «power-point» que tuvieron uniformemente todas las empresas (aunque fueron llamadas por sector), se está ahora transitando la semana N° 5 de las 15 que, de acuerdo con la comisión, se necesitan para llegar a convenios con cada compañía, y estar en condiciones de elevarlos a la Secretaría Legal y Administrativa del Ministerio de Economía.
Por eso la presión que ejercerían las compañías, sus casas matrices y hasta los diplomáticos de países europeos, para que se autorice, en un plazo más breve, un ajuste «a cuenta» en las tarifas.
En lo inmediato, la situación se complica, porque, a partir del 1 de mayo, empiezan a regir los precios del gas en boca de pozo para el invierno, que, hasta el año pasado, eran 25 por ciento más caros en dólares con respecto al verano. Por ahora, se mantiene en reserva de cuánto será la suba este año. El precio del gas de las productoras -Repsol, Total, Pan American Energy, Pérez Companc-está desregulado y establecido en dólares en los contratos con las distribuidoras de gas y grandes usuarios.
Esos contratos están actualmente pesificados, mientras se negocia el precio definitivo y el que regirá en el invierno. De lo poco que trascendió de las negociaciones entre esos sectores empresarios, se sabe que, en el valor del gas, la devaluación tiene un impacto distinto que en el petróleo. El crudo es un «commoditie», lo que significa que, si al productor no le satisface el precio del mercado interno, podría teóricamente exportar todo lo que produce.
Con el gas, el suministro a los países limítrofes ya está pactado y se planea con años de anticipación para dar tiempo a la construcción de gasoductos. Esto quiere decir que la exportación de gas tiene un techo que, a su vez, obliga a las productoras a dejar el producto bajo tierra si consideran que el precio interno no les asegura rentabilidad. Pero esto es prácticamente imposible cuando se trata de yacimientos que están en plena producción.
De todas formas, aunque la suba resulte inferior a la del año pasado en dólares, habrá un ajuste, y éste será trasladado a tarifas por las distribuidoras de gas y por las generadoras de electricidad.
En las empresas gasíferas, se cree que esa suba no podrá pararse, porque la Ley de Emergencia Pública pesifica las tarifas y elimina las cláusulas de indexación por inflación externa, pero no toca la ley de marco regulatorio del gas que prevé el pase a tarifas del mayor valor del gas en boca de pozo.
De esta manera, el 1 de mayo el gobierno debería autorizar subas en las tarifas de gas y de luz, debido al aumento de la materia prima. Pero a esto se suma el reclamo de las distribuidoras gasíferas y eléctricas para que se les autorice una suba en el margen propio de su actividad.
Además de esta complicación, desde el propio gobierno y desde las asociaciones de consumidores se está pidiendo una «tarifa social» para los hogares que se consideran por debajo del límite de pobreza.
Según una propuesta de una entidad de consumidores, se debería constituir un fondo fiduciario, con un aporte del Estado mediante eliminación de impuestos, una contribución de usuarios de mayores recursos y una rebaja de las empresas.
Esta iniciativa no sería aceptada por las compañías que creen que, si el Estado sacrificara impuestos, las tarifas bajarían en torno a 30 por ciento promedio. Pero, además, si parte de la tarifa social fuera financiada por el resto de los consumidores, el aumento para éstos sería todavía mayor, con impacto sobre el consumo y aumento de la morosidad. El panorama es, en síntesis, demasiado complicado, a lo que hay que agregar el peligro cierto de que baje la calidad de los servicios prestados. Pero, por el momento, esto no forma parte de las urgencias del gobierno.



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