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Quizá valga la pena recordar que la última vez que la Argentina experimentó un «dólar alto» fue durante el colapso económico y social de 1989. Además de un dólar alto, el elemento que comparten las experiencias de 1989 y 2002 no parece haber sido precisamente el crecimiento sino más bien la fuga de capitales alentada por el pánico en los mercados. En otras palabras: la enfermedad son las medidas que llevan al pánico en los mercados y el «dólar alto» es simplemente la fiebre.
El tipo real de cambio es el precio relativo de los bienes comerciados internacionalmente (industria y agro) respecto de los servicios. Por lo tanto, un dólar alto es equivalente a servicios baratos. Como el sector servicios es intensivo en el uso de mano de obra, se da el caso de que servicios baratos impliquen baja demanda de trabajo y por ende salarios bajos.
La relación inversa entre tipo real de cambio y salarios reales ha sido ampliamente confirmada por estudios econométricos. En 1981, en un estudio realizado en el CEMA obtuve que por cada 10% de suba del tipo real de cambio disminuye 4,1% el salario real. Es obvio que la caída del salario real y la mejora de su precio relativo hacen muy feliz al sector industrial que compite con la importación y también al sector agropecuario. Salario bajo y precio alto es el paraíso para algunos productores. Y también es el infierno para los asalariados: no es casualidad que los dos picos históricos de la serie de pobreza (48% y 54%) correspondieron a 1989 y 2002 cuando se registraron los dos picos históricos del dólar alto.
El dólar alto implica servicios baratos y vale la pena reconocer que nuestras cuentas nacionales indican que el sector servicios (incluyendo construcción y servicios públicos) contribuye al 77%% de la producción de la Argentina. Agricultura más industria sólo representan 23% del PBI. Resulta irónico denominar como «productivo» a un modelo que mejora el precio relativo de sólo un cuarto de las actividades productivas en desmedro del 3/4 restante. Y que además está asociado con bajos salarios y alta pobreza.
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