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No existen razones económicas, fuera de gruesos errores de política fácilmente evitables, para que el mercado cambiario modifique su comportamiento. Pero sí es previsible que continúe disminuyendo el «output gap» (diferencia entre el PBI potencial y el estimado) -la tasa de crecimiento tendrá un arrastre superior a 2% para 2004, y es previsible que el nivel global de actividad en ese año crezca bien por encima de 4%- y que se desacelere el aumento de la demanda de dinero, en particular, si se tiene en cuenta que los valores de la base monetaria y de M1 como proporción del PBI se encuentran en máximos locales históricos.
Por su parte, el congelamiento del precio de los servicios privatizados y concesiones mantiene una distorsión de precios relativos que amenaza la inversión en esos sectores y la prestación cuantitativa y cualitativa adecuada de esos servicios, riesgo que crece con el tiempo.
Las discusiones alrededor del efecto sobre precios de los aumentos de tarifas se ha desarrollado hasta ahora sin números, lo que presenta el riesgo de que se magnifique la preocupación de los responsables de la política económica, de las organizaciones que controlan el efecto de las tarifas sobre la población, y de la población misma.
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