Los dos períodos de precios máximos más contundentes de las últimas décadas tienen peculiaridades que los asemejan, pero también amplias diferencias. Por empezar, aquel peronismo los impone con reservas que en 1975 («el rodrigazo») estaban apenas en 678 millones de dólares y el kirchnerismo los ejecuta ahora cuando están en 24.000 millones. Lo más significativo del comparativo de cifras macro podría ser que en aquel peronismo de los 70, congelar suba de precios rebaja la inflación en 20 puntos, pero cuando el propio impulso de una economía sofocada los libera se ponen 5 por encima que al iniciar el control de precios, con lo cual se demuestra que «dibujar» los precios sirve de corto engaño. Como consecuencia obsérvese que el salario real termina 40 puntos más abajo de cuando comenzó la vigilancia de precios hasta que estalló la inflación reprimida. Arturo Illia (1963-1966) a su tercer año de gobierno tenía inflación de 30%. Viene el golpe militar y el segundo ministro de Economía de Juan Carlos Onganía, Adalbert Krieger Vassena, la baja a sólo 9,7% anual en 1968. Luego se ubica en 1971 en 39% y en 1972 en 64,2% porque el presidente Alejandro Lanusse comienza a coquetear con su continuismo como presidente pero electo. Cae en demagogias y se empina la inflación que ya el peronismo la recibe alta. Pero no aplicó austeridad y por eso terminó en 900% anual (proyectada al caer Isabel Perón).
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Este año 2006, sin elecciones, debía ser el de la austeridad, de la contención del gasto público porque no era electoral. El gobierno no lo ejecuta así y el riesgo ahora es que la actual suba del gasto público (en el elevado nivel de 30% en este momento) se acentúe en 2007 donde el kirchnerismo va por otros cuatro años.
El economista Orlando Ferreres -de consulta permanente con Guillermo Moreno- dice que es imposible un « rodrigazo» después de esta época de precios máximos. Argumenta que el secretario de Coordinación Técnica puede ir liberando márgenes. Sin embargo, el problema es que los funcionarios siempre se engolosinan con los resultados ilusorios de un congelamiento. Ven las suaves y placenteras olas playeras, pero no el tsunami en gestación.
Domingo Cavallo siempre hablaba de una «canasta de monedas» para sacar al peso de la falsa paridad con el dólar durante la convertibilidad. Nunca lo hizo y el sinceramiento se lo aplicó el mercado con una devaluación de 300% en enero de 2002. Tampoco liberaron gradualmente Gelbard y Revestido en los años 70 y terminaron en el shock violento del « rodrigazo».
¿Hay algo que asegure que el actual gobierno no se va a dejar ilusionar con los resultados temporarios de un congelamiento de precios como está aplicando? Ojalá que no, porque el corazón de los argentinos no aguanta cimbronazos tan seguidos, y tuvimos uno todavía no hace 5 años.
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