Qué gana y qué pierde el país con brote de "vaca loca"
La contraprueba realizada en Gran Bretaña sobre la aparición de un caso de «vaca loca» en Estados Unidos dio positivo, lo que desató especulaciones sobre qué países serán los ganadores y cuáles los perdedores en el nuevo mercado internacional de la carne. A raíz de esta situación, se prevén bajas en los precios de la carne y subas en los valores de la soja. Este cultivo es hoy el mejor sustituto ante la imposibilidad y el temor de utilizar harina de carne para alimentar el ganado. Esto haría repuntar el valor de la oleaginosa, lo que beneficiaría a la Argentina. De hecho, ya trepó 2,5% el miércoles en Chicago luego de haber comenzado la operatoria con fuertes pérdidas. Pero el país, con problemas sanitarios de arrastre, no podría beneficiarse en el mercado de la carne y sólo podría ganar nichos de poco valor que dejará vacantes Brasil, país que junto con Australia se lanzaría a ocupar los mercados abandonados por EE.UU.
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La Argentina es hoy un vendedor de carne fresca sólo apto para los países que se denominan del «circuito aftósico», que no exigen «riesgo cero» en sanidad y que pagan menos por la carne.
Dado el antecedente negativo de la Argentina en la credibilidad internacional y los recurrentes resbalones en las negociaciones posteriores (que, en búsqueda de mayor credibilidad, llevaron al país a anticiparse al declarar supuestos focos luego desechados), se genera un escenario poco propicio para el crecimiento. Uruguay, habilitado para vender, por caso, a Japón, podría ganar más, aunque cuenta, como la Argentina, con la barrera de un escasa oferta de carne.
La caída del consumo mundial golpearía también a los exportadores argentinos de carnes termoprocesadas, muchos de los cuales tienen a Estados Unidos como principal comprador. El efecto de baja de precios por menor demanda también golpearía este segmento.
•Quiebre
Para el consumidor argentino no habría motivo de temor: el país ya no importa carnes ni derivados desde EE.UU. como lo hacía hasta 2002, con picos estacionales de demanda, por ejemplo, de mollejas. La caída en el consumo interno determinó también un quiebre en esa tendencia.
Aunque en la Argentina la carne se produce mayoritariamente a pasto, con características casi orgánicas -cualidades que le valieron una posición diferencial-, en el mundo, el ganado se alimenta a base de harinas de carne y, en casos extremos, de harinas vegetales. Ante el temor de contagio de la EEB a través de las harinas de carne (debería ser, en realidad, de un animal enfermo), la demanda internacional se volcaría hacia las harinas vegetales, que son más caras. En ese marco, la soja sería la gran beneficiada, y su precio subiría al compás de la mayor demanda. De hecho, el miércoles, Chicago registró un aumento de 2,5% y se espera mayor sostenimiento. Si se prolonga esta situación, podría resultar un dato «alentador» para los agricultores a pocos meses de comenzar a recolectar una cosecha oleaginosa voluminosa y daría mayor sustento a un mercado de granos firme.




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