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El Senado aprobó anoche una modificación a la Ley de Concursos y Quiebras en la que quedó excluida la capitalización compulsiva de acreencias que pretendía el monopolio «Clarín» y que desató una oleada de advertencias internacionales que pusieron en jaque al gobierno de Eduardo Duhalde.
Resignados a que el escándalo internacional haría imposible que se apruebe la modificación a la Ley de Quiebras que pretendía el monopolio «Clarín», desde el gobierno se comunicaron ayer con la Asociación de Bancos (ABA), más precisamente con Guillermo Stanley, del Citibank, para provocar alguna aproximación entre el Congreso y los bancos. Era lógico: las entidades financieras serían las principales afectadas por un jubileo que obligaría a los acreedores a asociarse a sus deudores sin poder siquiera intervenir en la conducción de la compañía.
El conciliábulo permitió iniciar una negociación «in extremis» para que se redactara un artículo que contemple alguna forma de capitalización. Pero no se llegó a ningún resultado en el tiempo requerido y, por eso anoche, a última hora, el Senado aprobaba en general la reforma a la Ley de Quiebras sin incluir cláusula alguna sobre capitalización.
Además, en el texto aprobado ayer se incluyó una cláusula por la cual se pesifican «uno a uno» todas las deudas no bancarizadas de personas físicas destinadas a la compra o adquisición de una vivienda que en el momento de ser contraídas alcanzaran un monto de u$s 100.000.
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