De la ovalada a la pantera con aire de puma, del blanco al colorado, de empresa familiar a exportadora de indumentaria. Estos son sólo algunos de los pasos que está dando Pablo Sönne para reconvertir su Rever Pass en una marca internacional. Para esto, anunció una inversión de $ 5 millones en la compra y el equipamiento de una planta fabril en Acceso Norte y 197 (era de los heladeros de Los Alpes) que le permitiría triplicar su capacidad de producción, con vistas a exportar a Brasil e incrementar sus ventas a Chile y Uruguay. «Parte de ese monto son fondos propios, y otra parte será financiamiento bancario que estamos negociando con dos o tres entidades», dice Sönne.
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El empresario -que jugó en Pueyrredón, donde compartió la tercera línea de forwards con otros empresarios del rubro- revela que en 2004 facturaron $ 18 millones, y que este año «esperábamos crecer a $ 24 millones, en ambos casos incluyendo IVA. Sin embargo, estos dos meses últimos vemos que la recuperación se detuvo un poco, no sólo en nuestra cadena, sino en la industria en general. De todos modos, esperamos cerrar 2005 en esa cifra. Y no pensamos alterar nuestros planes de expansión».
Sönne dijo que están haciendo 600.000 prendas por año, «que llegarán a 1,8 millón en cuanto pongamos en marcha la nueva planta, o sea, en ocho a diez meses». Con esa producción extra, Sönne dice que podrán encarar con mayor fuerza la proyectada expansión al exterior. «La industria textil, creo, es una de las mejores opciones para el comercio exterior argentino. Tenemos diseño, calidad, precio... Fíjese si no, que VF le compró la marca Reef a los dos hermanos marplatenses que la fundaron, para competir con las australiana Billabong y la estadounidense Quicksilver. ¿Por qué no podemos hacerlo muchos otros desde acá?»
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