No estaba Wall Street en el circuito. Buena oportunidad, que se da periódicamente, para volver a medir con cuánto de energía propia se pueden mover los mercados satélite. Y la rueda de ayer fue terminante en destacar solamente un aspecto, lamentable: el volumen efectivo realizado por las especies accionarias, que dejó a la vista que ya estamos cubiertos de harapos de órdenes.
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No se pudo llenar ni a los $ 10 millones realizados, prácticamente tres millones de dólares en giro, para una rueda completa porteña. A partir de ello, todos los demás indicadores carecieron de importancia. Y el desarrollo resultó una penosa modorra a lo largo de las horas, para concluir con un índice Merval casi en el mismo punto del comienzo. En el pasaje más flojo se arribó a un piso del día en los 2.058 puntos, que se corrigieron a los 2.071 de máximo. Y en tal nivel llegó la «campana» final, salvadora, como para terminar con una farsa de mercado.
Si se quiere extraer alguna señal positiva, dentro de todas las relaciones desechables, acaso el hecho de ver coincidir máximo y cierre del día pueda servir para salvar las apariencias. Pero la realidad de cualquier recinto bursátil es que: sin volumen, no hay mercado. Y la base transada ayer, la puramente local, indica que se adelgazó de modo preocupante un total que en otras mediciones similares alcanzó a marcar unos $ 30 millones propios, ahora venido a la tercera parte. Entre las columnas del Merval, hubo para todos los gustos, con Tenaris reflejando al Merval -casi neutro-, G. Galicia yendo hacia el flanco bajista, con 0,8%. Y siendo Pampa Holding la que sirvió para actuar de equilibrio, aportando un buen 2,3% de repunte. Rueda inválida, casi paralizada en órdenes, solamente dejando para el análisis que si no hay corriente externa: casi estamos diluidos, en lo que es un interés por la inversión accionaria. Y la Bolsa, con taparrabos...
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