Es difícil creer que la huelga más feroz en Nueva York durante un cuarto de siglo haya tenido que ver con la baja de las acciones, pero como sucede con las brujas, que afectó el ánimo de los inversores, lo afectó. Es cierto que podríamos ensayar otras explicaciones, pero ninguna resulta convincente en el momento de tratar de explicar por qué se le prestó tan poca atención al anuncio de que durante noviembre los precios mayoristas experimentaron la mayor baja de los últimos 31 meses y vivimos el mayor incremento en la construcción de viviendas de los últimos siete meses (en contra de lo previsible, la tasa de los bonos del Tesoro a 10 años trepó a 4,466%). Hacia mediodía algunos empezaron a apuntar a la recuperación del precio del petróleo o a los rumores de que General Motors dejaría el próximo año de ser la mayor automotriz del mundo ( desplazada por Toyota) para justificar la queda accionaria. Pero curiosamente, por ese entonces los papeles tecnológicos llevaban al NASDAQ (y al Dow) a marcar los máximos del día. Sin que surgiera ningún otro elemento nuevo, a partir de la una y media el mercado comenzó a perder posiciones y para cuando sonaba la campana el Promedio Industrial se estacionaba en 10.805,55 puntos, mostrando una pérdida de 0,29%. Con apenas siete ruedas más, está claro que quienes apostaron por los activos "duros" serán este año los ganadores. Quienes en cambio optaron por la inversión de riesgo y los bonos, deberán aguardar a ver si Santa Claus fue sólo demorado por la huelga o decidió que este año el mercado norteamericano "se portó mal" y no merece su tradicional regalo.
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