Tal vez no fue la mejor idea que Felisa Miceli viajara a España tan precipitadamente. Apenas horas después de poner en funciones a sus colaboradores y el día en que se discute el Presupuesto nacional en el Congreso.
La visita que organizó Alberto Fernández comenzó a opacarse ayer. La principal cámara empresaria suspendió la cena que estaba prevista para anoche. Y el ministro de Economía de José Luis Rodríguez Zapatero, Pedro Solbes, no recibirá a los argentinos. Mientras la peripecia de estos dos ministros en Madrid perdía brillo, Julio De Vido hizo un gesto irónico en Buenos Aires. Reunió al presidente Néstor Kirchner con el principal empresario español, Antoni Brufau, de Repsol YPF, para anunciar inversiones.
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Sin embargo, hay actores de la relación bilateral con España que bendijeron la llegada de los funcionarios argentinos. Es el caso de los titulares del grupo Marsans, controlante de Aerolíneas Argentinas. Se reunieron con Fernández y Miceli, y sumaron al cónclave al sindicalista Juan Manuel Palacios. Fue la figura clave del encuentro, consistente en encontrar una ecuación para salir de la tregua establecida cuando se levantó el paro de 9 días de pilotos y técnicos. Palacios, el otro yo de Hugo Moyano, es gravitante como el camionero en el sector del transporte. Inclusive, preside la Federación Internacional del gremialismo de esa actividad. Pero su aporte a la reunión de los ministros con Gerardo Díaz Ferrán y Gonzalo Pascual fue otro: el sindicalista venía de reunirse, el mediodía del lunes, con los titulares de los dos sindicatos en conflicto. Fue en un aparte durante un homenaje que la CGT de Moyano le realizó a su numen intelectual, el abogado Héctor Recalde, también el contratado profesional de moda del camionero. Palacios informó puntual y respetuosamente sobre las concesiones que estarían dispuestos a hacer «los muchachos» en favor de la «pax aeronáutica». Sin embargo, a pesar de este espíritu de concordia, los hombres fuertes de Marsans siguieron insistiendo públicamente con la urgencia de un aumento de tarifas para su actividad.
Hoy se realizará el tramo más importante de la agenda de Fernández y Miceli. Se verán con Miguel Sebastián, el director de la Oficina Económica de La Moncloa, es decir, el asesor del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien sigue de cerca la peripecia argentina. Tal vez participe también el principal colaborador de Sebastián, Jorge Blázquez. Es el encargado específico del «desk» argentino y, en esa condición, un hombre con juicios bastante contundentes sobre la gestión Kirchner, que tuvo oportunidad de exponer duranteun seminario a puertas cerradas que se realizó en Madrid hace ocho meses. Con Sebastián y Blázquez se hablará de la agenda de siempre: las relaciones de la Argentina con el Fondo y, sobre todo, la necesidad de que se cumplan los compromisos asumidos en materia de aumento de tarifas.
Antes de la reunión con los funcionarios de La Moncloa, Fernández y Miceli se verán durante un desayuno con empresarios pymes agrupados en el Consejo de Cámaras de Comercio de España. Una manera de compensar el cortocircuito con Cuevas y la CEOE. Pero en materia empresarial, hoy será el día de Telefónica. Fernández tenía la expectativa de resolver en Madrid el conflicto principal con esta compañía: lograr que retire su reclamo del CIADI a cambio, si no de un aumento de tarifas, por lo menos de un incremento del precio para las llamadas internacionales entrantes, que no son pagadas por consumidores locales argentinos.
El pacto con Telefónica sería, en la práctica, casi el único trofeo que el jefe de Gabinete y la ministra de Economía podrían traerle a Kirchner de su viaje. Como se sabe, esta travesía tenía un sentido más político que administrativo. Para Fernández se trató de tomar oxígeno internacional en un momento de complicación política: a la derrota porteña y la crisis de la gestión de su aliado Aníbal Ibarra se les sumaron los casos «Borocotó» y Rafael Bielsa. Los brasileños, siempre supersticiosos, denominan a estas rachas «o inferno astral». Miceli, en cambio, ni siquiera ha tenido oportunidad de atravesar por ese cuadro, tan breve es su experiencia en el Ministerio. En rigor, para ella el viaje es la oportunidad de diversificar sus alianzas internas y moderar la imagen de dependencia con Julio De Vido.
El ministro de Infraestructura es, obviamente, la contrafigura de este viaje. Cualquiera sabe que, en el caso de España, su firma es decisiva para cualquier acuerdo, en la medida en que en su despacho se negocian las tarifas de servicios públicos ( discreto, también su hombre en Energía está en España, Cristian Folgar, un subsecretario ascendente). Si se enumeran las novedades de ayer en relación con la península, hubo una muy importante en Buenos Aires, no en Madrid. Llevado de la mano de De Vido, el presidente de Repsol YPF se reunió con Kirchner para anunciar inversiones y bendecir la marcha de la economía argentina. Como es obvio, Antoni Brufau pesa más que toda una cámara empresaria en materia de movimiento de dinero y dimensión de negocios, tanto en la Argentina como en su propio país. ¿Fue el homenaje de De Vido al viaje que realizan Fernández y Miceli? Nadie despejará esta incógnita porque la respuesta es demasiado obvia.
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