Hasta el viernes al mediodía estaba «todo perfecto», según las palabras del propio Miguel Peirano. Después, algo pasó que hizo que el ministro de Economía se colocara más afuera que adentro del Palacio de Hacienda. Eso habría sido un recrudecimiento de su pelea con el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, por las incumbencias de los organismos que capitanea cada uno de ellos, incluyendo la situación INDEC.
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Otra versión indica que Peirano les habría comentado a sus más íntimos que estaba «exhausto», y que su prioridad en este momento era estar junto a su madre enferma. El «tema INDEC-Moreno» habría sido la brizna de paja que le rompió el espinazo al camello...
El viernes el ministro repasó con algunos dirigentes de la Unión Industrial Argentina (UIA) cuestiones sectoriales e incluso el discurso que dirá (¿dirá?) mañana por la mañana en la apertura de la Conferencia Industrial que organiza la central fabril. No hubo ninguna señal de cansancio ni de posibles conflictos internos. El sábado, esos mismos dirigentes se desayunaron con llamadas a sus celulares y mensajes que hablaban de la posible renuncia del ministro.
Ayer casi toda la cúpula de la UIA intentó comunicarse con Peirano, sin éxito: el ministro había cerrado su celular porque su madre debió ser operada. Debieron conformarse con dejarle mensajes de saludo y solidaridad ante el difícil momento familiar que atraviesa.
De todos modos, dentro de esos rangos de la industria ya se daba como un hecho consumado la salida de Peirano, algo que fuentes del gobierno les confirmaban. Y si bien hubo el domingo a la noche un comunicado oficial hablando de que «lo importante es el modelo industrialista de la presidenta y no los hombres», dentro de las filas de la central fabril había honda preocupación y hasta tristeza por la pérdida de una pieza clave que la UIA había logrado colocar en el gobierno.
El tema no es sólo práctico ni político: Peirano es un hombre muy querido por la dirigencia de la UIA, viejo colaborador de la entidad (fue su economista jefe) y además pariente directo (primo segundo) de su presidente, Juan Carlos Lascurain.
Reafirmación
Difícil tarea entonces la que debió asumir ayer el propio Lascurain, quien ratificó -esta vez con nombre y apellido- lo que habían sugerido el domingo por la noche en su comunicado: durante un almuerzo con periodistas convocado para explicar la Conferencia Industrial reafirmó que «lo importante es el modelo, y Miguel Peirano es un intérprete excelente del modelo industrial de este gobierno, pero tampoco podemos decirle a Cristina de Kirchner cómo armar su futuro gabinete».
Cuando se le preguntó si iban a respaldar la figura de quien fuera economista jefe de la UIA, el dirigente insistió: «¿De qué apoyo estamos hablando, si Miguel lo único que dijo es que no había recibido ningún ofrecimiento? Quien ocupe el ministerio nos es indiferente siempre que se mantenga este modelo. A ver: no; no nos sería indiferente si el ministro fuera Ricardo López Murphy, pero salvo eso, lo importante es la política industrial». Antes, Lascurain había dicho que «Peirano comprende muy bien al sector industrial. Es muy difícil encontrar un economista industrialista en la Argentina».
Explicó lo que se sabía: no habían podido ponerse en contacto con él «porque está atravesando una delicada situación personal: la están operando a la madre...». Pero rehusó internarse en la que es la génesis del problema: «No me pregunten qué opinamos de Moreno; no es momento para hablar de este tema».
En el comunicado de la noche del domingo -que, según explicó Lascurain-, se emitió porque «ustedes los periodistas nos estaban llamando preguntando por Peirano» la central fabril había dicho que «más allá del valor de los hombres, lo determinante es claramente la convicción de la presidenta electa y de su gobierno en continuar con la recuperación de la industria». No hacía falta hilar demasiado fino para entender que la UIA tomaba distancia (¿a pedido del gobierno? Lascurain lo negó de plano) de su ex colaborador.
El ministro y el gobernador bonaerense y diputado electo Felipe Solá son los oradores designados para abrir la Conferencia Industrial mañana a primera hora. También está previsto que sea Peirano quien cierre estas jornadas el jueves al mediodía. Sin embargo, en caso de confirmarse la presencia de Néstor y Cristina de Kirchner en la clausura de la Conferencia, está claro que el ministro dejará su lugar en el podio al presidente actual o a la presidente electa. En cambio, de no concretarse su presencia mañana en el evento de la UIA, la señal sería más que clara.
Y si de señales se habla, la Unión Industrial dio todas las que pudo y más también para tratar de que el matrimonio presidencial almuerce con ellos en Pilar el jueves. Todo lo contrario de IDEA, que en la primera noche y en la voz del presidente del Coloquio, Guillermo Murchison, llamó a terminar con la corrupción y a moralizar la República. Desde el estrado del Sheraton Mar del Plata no hubo una convocatoria clara a la presencia de Cristina de Kirchner, como sí la hay en cada manifestación pública de los dirigentes de la UIA. El jueves se sabrá si esta táctica da resultados y obtiene el objetivo buscado, al menos en el corto plazo: que los Kirchner vayan, que Cristina hable, y que se empiece a olvidar a Peirano.
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