Néstor Kirchner y Anne Krueger hablaron ayer por teléfono durante más de 20 minutos. Allí, en una conversación con tono cordial, cerraron el acuerdo que hoy será dado a conocer en conjunto desde Buenos Aires y Washington. Prácticamente, todo el diálogo se concentró en lo que para el Presidente debe ser la actuación del sindicato de bancos. Kirchner quiere tener el poder de «rescindirle» el contrato a cualquiera de las tres entidades que negociarán la deuda con los acreedores, si considera que no están cumpliendo con lo que quiere la Argentina. Krueger quiso saber qué considera el jefe de Estado por «no cumplir». Para Kirchner esto sería alterar la «no negociable» propuesta de quita de 75% hecha en Dubai. Kirchner se permitió, además, pero sin subir los tonos, repetirle a Krueger una frase ya clásica: «Yo no dije que no íbamos a pagar, pero lo que molesta son los cambios en las condiciones ya acordadas y las extorsiones». Aparentemente, el diálogo fue lo suficientemente amable como para que surja el compromiso pedido por Krueger de «conocerse personalmente». Los asesores presidenciales quieren cerrar esta reunión inmediatamente. Si se puede, antes de la próxima revisión de las metas en junio.
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