Sin fecha ni confirmación, pero en el marco especulativo de todos los días, ha comenzado a instalarse la certeza de que el gobierno plantearía nuevas medidas económicas. Parte de la imaginación popular ante el silencio oficial. No parecen desorbitadas algunas propuestas -lejos, obvio, de los que se envenenan con probables «corralitos»-, casi el formato de un plan para corregir ciertas distorsiones. Había ideas para el 25 de mayo, aunque el pleito con el campo parece forzar una postergación. Pero el 9 de julio, otra alternativa de fecha, ya parece demasiado distante, sabiéndose que si algunas medidas no las asume el gobierno, éstas se impondrán solas.
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¿De qué se habla?: 1) acordar precios y salarios con premura ya que -no se ignora-una inflación de 25% se consolida con rapidez en 40%; 2) corrección del tipo de cambio (¿10%?) para satisfacer demandas del campo y de la UIA, adaptándose a ciertas exigencias del mercado; 3) permitir un ajuste en los balances por inflación de las empresas, hasta ahora castigadas por esa inmovilidad; 4) nuevo esquema para adecuar tarifas y servicios públicos; 5) promesa de reducir el aumento del gasto estatal de 38% a 28% anual.
Cierto o no este nuevo umbral económico, se considera que la base de estas correcciones apuntaría a una mejor transparencia y a conservar el brío de una economía que hoy, a pesar de los anuncios oficiales, ha comenzado a enfriarse. Lo que más le duele al matrimonio Kirchner.
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