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Podríamos hablar entonces de una suba, pero más que ello lo vivido se pareció a un rebalance de carteras en un mercado que tal vez había subido demasiado, demasiado pronto.
Ahora los tres principales indicadores del mercado (Dow, NASDAQ y S&P 500) se encuentran casi a la par para lo que va del año (ganan entre 1,5% y 2,6%, mientras el Rusell trepó 6,5%), lo que hace difícil extrapolar alguna conclusión sobre las verdaderas apetencias de los inversores y su aversión o tendencia al riesgo. La última sesión, cuando el promedio industrial trepó 0,33%, a 10.919,05 puntos, tampoco aporta demasiado para aclarar esto, en un mercado que se ha estado moviendo más con excusas (por la incertidumbre que genera el nuevo presidente de la Fed) que por noticias "de peso", que no hemos tenido. Atención, que el miércoles "Ben" le habla al Congreso. Con inventarios más que adecuados y el reporte de la Agencia Internacional de Energía afirmando que la producción de crudo treparía este año más que el consumo, el petróleo se derrumbó en la última sesión a u$s 61,84 por barril ( contrato marzo del WTI, en el Nymex), un valor que no se veía desde los últimos días del año 2005. Esto se dio a pesar de que el gobierno dio a conocer que el déficit comercial marcaba su cuarto máximo histórico consecutivo durante el año/mes pasado, con las importaciones de China y de Petróleo colocándose como las principales responsables. Si bien pesos pesados como George Soros y Warren Buffet están "jugados" a que esto ( importar/gastar más de lo que se exporta/ganar) debilitará la moneda norteamericana, es claro que la percepción en el corto plazo no fue tal. Al menos así lo sugiere lo visto con el precio de la energía y el del oro, que el viernes se desbarrancó 3% en la semana, quedando en u$s 553,5 la onza, perdiendo casi u$s 15 en la última rueda.
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