Brasil anunció que cancelará de un solo pago y antes de fin de año los u$s 15.500 millones que le debe al Fondo Monetario. Tiene varios elementos para considerar, especialmente por cómo Lula logró este objetivo (que tanto desearía el gobierno argentino poder imitar). Brasil se había fijado una meta de 4,25% del PBI de superávit primario, pero por propia decisión evitaron desbordes del gasto público y llevaron el ahorro fiscal a 6%. Lograron duplicar este año las reservas internacionales, llegan a u$s 66.000 millones, y las usarán en parte para pagarle al FMI. Pero lo hicieron además dejando caer al dólar hasta 2,20 reales. No tienen alta inflación: se preocuparon si superaba 6,5% anual. Así ya se descuenta que las calificadoras de riesgo internacionales le mejorarán la nota a Brasil y será "investment grade" (apto para la inversión) en forma inminente. En definitiva, una independencia seria del Fondo.
Según la nota, la decisión fue posibilitada por la buena situación de las cuentas externas del país, con excedentes comerciales récord y un superávit de cuenta corriente que debe situarse por segundo año consecutivo en torno a 2% del PBI.
Brasil firmó desde 1998 varios acuerdos y reestructuraciones de acuerdos con el FMI. En 2002, se benefició de un paquete de u$s 30.000 millones (el mayor jamás otorgado por el FMI), para enfrentar las turbulencias y la ola especulativa provocada por el temor de la llegada al poder de
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