En un contexto de inflación de más de 5% anual y un riesgo de recalentamiento de la economía -que sigue creciendo a más de 9% anual-
El gobierno chino ya había tomado medidas este año para limitar la inversión en varios sectores amenazados por el recalentamiento económico, situación que permitió que las actividades en los sectores chinos del acero, el cemento o el aluminio fueran frenadas, pero en cambio los capitales siguieron invirtiéndose masivamente en el sector inmobiliario, donde los precios crecieron rápidamente, haciendo temer la aparición de una burbuja especulativa. La suba de tasas busca un «enfriamiento» en la voraz actividad económica de este país de 1.300 millones de habitantes.
El banco popular de China (Banco Central) ya había advertido hace varios meses que una suba de las tasas de interés sería inevitable si la inflación superaba 5%.