''Subsidiar créditos puede funcionar bien''
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Clarisa Lifsic
P.: Si la brecha entre el precio de los inmuebles y los salarios sigue siendo tan alta, ¿hay forma de solucionar el acceso a la vivienda?
C.L.: Con esto no hay que rasgarse las vestiduras porque pasa en muchas partes del mundo. Acá la relación empeoró con respecto a lo que pasaba antes de 2001. Y en otros países se encontraron soluciones, como en Chile, donde hay subsidios.
P.: ¿Está de acuerdo con aplicar ese tipo de subsidios del Estado para clase media en la Argentina?
C.L.: Podrían funcionar perfectamente. Así como funcionan en el Plan Federal para un sector bajo de la población, pueden ir subiendo para sectores más altos. Podrían subsidiarse, aunque sea a alguna parte de la población de clase media. Ya que hay subsidios de tasas para las pymes, un mecanismo de ese estilo para la gente sería productivo y eficiente.
P.: El Banco Hipotecario salió también a promocionar otro tipo de productos, ¿los clientes se acercan sólo por créditos para viviendas o también para usar otros instrumentos? C.L.: Los créditos hipotecarios son la pata fundamental del banco. Pero también la gente busca concentrar todos los productos financieros en una sola entidad. Sólo con los créditos hipotecarios uno tiene muy poca información sobre los clientes, no sabe si gasta, hasta cuánto compra, si paga. Toda esa información hace que cuando esa persona necesite un préstamo hipotecario pueda ser considerado sujeto de menor riesgo y, por lo tanto, tenga menor tasa y todas las partes salen beneficiadas.
P.: ¿El sistema bancario ya está estabilizado?
C.L.: Creo que se ha puesto de pie mucho más rápido de lo que se esperaba y todavía queda por crecer. Por ejemplo, hoy los préstamos al sector privado representan 10% en términos de PBI, cuando antes de la crisis eran 24%. En Brasil es 30%. Es decir que no llegamos al techo y que el horizonte sigue siendo muy bueno.
P.: ¿La perjudica ser mujer en un sector donde los presidentes de las compañías son todos hombres?
C.L.: Creo todo lo contrario. Para mí siempre fue beneficioso ser mujer. La gente, por lo general, espera menos de una y los hombres que están acostumbrados a tratar con hombres se descolocan un poco cuando tienen que sentarse a discutir con ejecutivas mujeres. Creo que depende de la actitud que cada una adopte; yo no soy masculina ni femenina, soy yo. Además, ya hemos visto a través de estudios la complementariedad entre el hombre y la mujer, que tienen diferentes formas de pensar. Mi marido es neurólogo, así que sobre esto escucho mucho diariamente. Los hombres tienen más materia gris y la mujer tiene más materia blanca, que es la que permite las interconexiones entre las neuronas.
P.: ¿No hay entonces más reclamos de la familia ante la ausencia por trabajo de ejecutivas mujeres que de hombres?
C.L.: A mis cuatro hijos no les parece que yo pase mucho tiempo en el trabajo. En un viaje hace poco tiempo una señora se le acercó a mi hija y le dijo: «Pobrecita, tu mamá no debe estar nunca con vos», y para el Día de la Madre la nena me escribió una carta que decía: «Te queremos porque vos estás siempre con nosotros y esa señora de Salta era una tonta». No es que paso mucho tiempo con ellos, sino que lo aprovecho y trato de estar siempre disponible. Yo les hice una encuesta con preguntas sobre mí, y en una les dije: «¿Qué harían si tienen un problema y mamá no está?». Y me contestaron: «La llamo por teléfono y ella arregla el problema o espero a que llegue a casa». Es que para ellos es natural porque yo siempre trabajé.
Entrevista de Florencia Lendoiro




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