Los datos difundidos ayer por el INDEC dejaron al descubierto la inconsistencia de los números oficiales. Al margen, además, de algunas suspicacias del gobierno a la hora de difundir información estadística clave. En primer lugar, el Ministerio de Trabajo para el primer trimestre dio a conocer semanas atrás que el empleo había aumentado en la Argentina a tasas muy altas. Ayer, el INDEC informó lo contrario. Está claro que la medición de este último organismo es más amplia y contempla lo que sucede en 28 aglomerados. Pero no hay explicación alguna para que desde Trabajo se diga que la economía está creando puestos y desde el INDEC que se los está destruyendo. Obviamente, los próximos números que informe Carlos Tomada serán ignorados como termómetro de lo que realmente sucede en el mercado laboral.
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Paralelamente, el INDEC tuvo en los últimos meses actitudes poco profesionales. Desde mayo que no informa a los economistas profesionales los «microdatos», es decir el detalle de la Encuesta Permanente de Hogares.
Ahora, cuando se considera la actitud de Roberto Lavagna a la hora de dar información económica, el círculo se completa. Hay que recordar que el FMI lo amonestó por «información falsa» el año pasado, en un caso único en la historia del organismo. En diciembre 2003 también se cambió la forma de medir el desempleo. Lavagna entonces optó por difundir el mejor dato y dejó al INDEC, para la víspera de Navidad, el que más lo comprometía. Todo muy poco serio.
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