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12 de septiembre 2008 - 00:00

También en Corea condicionan la llegada de más inversiones

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Seúl - El gobierno argentino envió una delegaciónal primer Foro de Negocios y Cooperación Económica Corea-América Latina que se realizó esta semana en Seúl; y sus representantes, el secretario de Minería, Jorge Mayoral, y el embajador Alfredo Alcorta se esforzaron por atraer la atención de potenciales inversores. Sin embargo, más allá del interés que lograron despertar en torno a proyectos de inversión puntuales, el país tiene todavía un largo camino por recorrer si quiere convertirse en destino de una ola de inversiones coreanas en toda la regla.

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De las conversaciones con representantes del gobierno surcoreano y de empresas locales surge claramente que la Argentina es un país al que aún se asocia con la inestabilidad política y con una ausencia de vocación de integración al mundo.

Es más, quienes están al tanto de la realidad latinoamericana son perfectamente conscientes de la disparada de la inflación, de los ya inexplicables enredos del INDEC y hasta de las secuelas de la extensa crisis entre el gobierno y el campo. Aunque reconocen como un avance la expansión económica de los últimos años, ponderan que la Argentina no fue el único país de la región en crecer fuerte. El Obelisco no es el ombligo del mundo, parece.

  • Estadísticas

  • Resulta difícil explicarles a los coreanos dislates como los cometidos con las estadísticas oficiales o peleas como las que paralizaron al país por las retenciones móviles (¿alguien puede, en realidad, entenderlos en la propia Argentina?). Esto contribuye a que, a pesar de los ponderables esfuerzos mencionados, el país hoy esté sin atenuantes por debajo de Brasil, Chile, Perú y Uruguay como posible destino de inversiones.

    Pero hay algo para hacer si en realidad se quieren cultivar posibilidades de negocios en la decimotercera economía del mundo y la cuarta de Asia, que, en muchos casos, ofrece escalas mucho más amigables para las empresas argentinas que los colosales y a veces inalcanzables mercados de China o Japón. Para empezar, mostrar interés.

  • Decepción

    Los coreanos fueron los primeros decepcionados tras la asunción de Cristina de Kirchner en diciembre último. En el Departamento de América Latina y Caribe de la Cancillería local contaron abiertamente ese sentimiento, explicando que su director general, Jungsoo Doo; y el titular de la Auditoría General, Jeon Yun-Churl (quien cumple aquí el rol de vicepresidente), no fueron atendidos por la flamante mandataria «ni cinco minutos, aunque estábamos dispuestos a esperar hasta dos días en Buenos Aires para verla». Ponderan, en cambio, la «calidez» con la que sus emisarios fueron recibidos en Brasil por Luiz Inácio Lula da Silva y cuentan que el presidente del Congreso se convirtió en un promotor ardiente de la «marca Colombia» cuando fue recibido inesperadamente y de modo poco ortodoxo por Alvaro Uribe en el aula de una escuela colombiana. Para ellos los problemas de agenda no son excusa y un desaire no demuestra más que desinterés. Una muestra palpable del lugar que ocupa el país en la visión de los gobernantes y los hombres de negocios coreanos está dada por el itinerario que realizará el presidente, Lee Myung-bak, cuando visite Perú en ocasión de la cumbre de la APEC (Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) en noviembre. Además de ese país, visitará Chile y Brasil. La Argentina, ausente.

    Pero, como se dijo, no hay que dar la relación por perdida. Fuentes diplomáticas cuentan lo bien que cayó entre importantes empresarios coreanos una serie de cartas de invitación a Perú cursadas personalmente por el presidente Alan García, y esperan que otros gobiernos de la región tengan el mismo gesto aprovechando la reunión de noviembre en Lima. Para los empresarios -dicen- es más fácil que para el presidente modificar sus agendas y viajar a otros países para explorar posibles negocios.

    ¿Qué podría ofrecerles la Argentina a los poderosos empresarios coreanos? Primero, valorarlos. Quien piense, por ejemplo, que Samsung o LG son importantes marcas internacionales de electrodomésticos comete el primer e imperdonable error. Son gigantes globales y altamente diversificados, que extienden sus tentáculos en el sector informático, la telefonía, la construcción, los automóviles, etcétera.

  • Claridad

    Pero, además de reconocerlos, hay que saber qué buscan. Para Corea del Sur, América latina representa una enorme oportunidad de provisión de recursos naturales para su industria, y asombra la claridad con que comunican algunas líneas estratégicas a futuro. Un diplomático retirado, con amplia experiencia en la Argentina y Chile, dijo que nuestro país tiene el atractivo de ser uno de los que menores restricciones pone en la región a los inversores extranjeros para la compra de tierras. No habría que extrañarse, advirtió, si en los próximos años comienzan a verse importantes inversiones coreanas en ese ámbito. Sería para ponerlas a producir y exportar alimentos a Corea, explica.

    Desde esa posición de fuerza le sería más fácil al gobierno de este país ( tratados de protección de inversiones o de libre comercio mediante) presionar contra cualquier intento de restricción a las exportaciones de alimentos, una tendencia vista como una amenaza por una nación como ésta, importadora neta en la materia, y que, en el contexto actual de precios altos de las materias primas, comienza a darse cada vez con mayor frecuencia en diferentes geografías.
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