¿Quién hará el trabajo sucio? ¿Cristina va a anunciar aumentos tarifarios cuando asuma o será el Presidente antes de entregar el bastón de mando el que tomará esas impopulares pero necesarias medidas? Estas preguntas son frecuentes en los ámbitos empresariales porque el tema energético, siempre y cuando el país continúe con altas tasas de crecimiento, será uno de los problemas más acuciantes que le toque resolver a Cristina Kirchner si llega a ser presidenta.
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Los principales dirigentes del sector industrial saben bien que es el propio Néstor Kirchner quien rechaza el ajuste de las tarifas para los usuarios residenciales. En el área de la Secretaría de Energía tienen datos que muestran que los sectores de alto poder adquisitivo aumentaron el consumo de luz en 20% y de gas 30% en lo que va del año. En tanto, la demanda de la industria en el mismo período se elevó 4,5%.
El escenario no viene mejor para el verano; el sector de electrodomésticos proyecta que las ventas de aparatos de aire acondicionado para este año rondarían las 700 mil unidades, que demandarían unos 800 megavatios adicionales.
Por el momento, las grandes compañías manufactureras reconocen que los costos por los problemas energéticos no son todavía muy significativos porque, al mantener un contacto diario con el área de Planificación, pueden ir ajustando sus producciones en función del suministro.
En el sector de la alimentación, particularmente los productos perecederos, hay más perjuicios. Pero las que la están pasando mal son las pymes y las producciones estacionales.
Con la intención de defender y sostener el crecimiento, un grupo de importantes dueños de grandes empresas le plantearon recientemente al Presidente que estarían dispuestos a asumir el «costo político» de los aumentos domiciliarios, pero se fueron del despacho con la absoluta convicción de que este tema no se modificará mientras Kirchner sea presidente. Así las cosas, especulan que Cristina tendrá que ser la encargada de enderezar los desajustes en los precios relativos para sostener el modelo económico, aunque tienen dudas de que lo vaya a llevar a cabo, y menos al principio de su mandato (si llega a ser electa).
Sin interlocutores
La designación de Cristina como candidata agregó un inconveniente no menor a la lista de los problemas empresariales. «¿Sabés quiénes son las personas más cercanas a Cristina?». «¿Alguna vez hablaste con ella?», son preguntas obligadas en cualquier encuentro de empresarios. Pocos son los afortunados hombres de negocios que responden a estas inquietudes. Pero la duda más importante que tienen es: «¿Quién o quiénes serán nuestros interlocutores?». La comunicación del gobierno con el mundo de los negocios nunca fue fácil, pero, y no sin tropiezos, comprendieron la lógica de Kirchner y su equipo.
Los empresarios también creen que la gran mayoría del gabinete cambiará con la llegada de Cristina al poder, y esto les genera inquietud, presente y futura. Por lo pronto, temen que se vean frenados en las tareas cotidianas sus principales interlocutores, como son Julio De Vido, en el Ministerio de Planificación; José López, en Obras Públicas; Ricardo Jaime, en Transporte e incluso -el poco querido-Guillermo Moreno en Comercio, por citar algunos de los funcionarios que, en principio, no serían de la partida.
Temen que hasta diciembre tanto el diálogo como la gestión de estas áreas críticas se vean afectados por el síndrome del «pato rengo» que habitualmente sufre el Presidente durante el último período de su gestión. En este sentido, comentaba un dirigente fabril: «Parece que algunos ministros serán patos rengos, pero el problema es que son aquellos que más diálogo tienen con nosotros».
Así, un tema de preocupación, y no menor, para los dirigentes empresarios es qué pasará con las obras que en su gran mayoría están frenadas. Piensan que la parálisis obedeció a la atención que ocuparon las elecciones capitalinas, pero temen que la situación se prolongue por la «prenunciada salida de los actuales ministros». En particular, las vinculadas a infraestructura, que son clave para apostar a hacer negocios en la Argentina.
Además, los principales dirigentes empresariales mayoritariamente no conocen a la primera dama, por lo cual les es muy difícil siquiera aventurar por dónde llegar. «Como toda mujer, es un misterio», dicen con ironía. Aquellos hombres de negocios que tuvieron la oportunidad de acompañar al Presidente en sus escasos viajes al exterior, a los cuales Cristina se suele sumar, comentan que el contacto con la primera dama fue nulo o, con suerte, no pasaba más allá de «algún comentario de ocasión».
Alberto Fernández, el jefe de Gabinete, que según parece tendrá un rol protagónico al lado de la senadora, no tiene más que contactos eventuales con los empresarios. Es sabido que es muy buena la relación de Cristina con el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, pero la mayoría de los principales hombres de negocios conocen a este funcionario sólo por los diarios. Hay un punto que los tranquiliza de la perspectiva Cristina presidenta: suponen que no habrá grandes cambios en el modelo de país que instauró Néstor Kirchner y también que el Presidente seguirá cumpliendo en el futuro gobierno un rol importante, aunque no tenga un cargo.
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