La semana comenzó con un tono que parecía amigable. Tanto los bonistas como el Gobierno daban señales positivas sobre las conversaciones y hasta el ministro Martín Guzmán abrió la puerta, en una entrevista con Folha, a un posible acuerdo antes de este viernes. Pero el miércoles la cuerda se tensó. Ese día se cayeron los acuerdos de confidencialidad que amparan el diálogo y ambas partes hicieron duras declaraciones cruzadas. En Economía todavía persisten las molestias. Apuntan principalmente al fondo Blackrock porque, aseguran, hizo una jugada “que desagradó mucho”.
“La propuesta de los bonistas es un caballo de troya”, describieron fuentes de Economía en diálogo con Ámbito. En particular, la discusión se dio alrededor de una cláusula legal que los bonistas quieren mantener para los bonos del canje 2005, que según Economía “es más onerosa y favorece incluso la entrada de los fondos buitre”.
El miércoles por la noche, Alberto Fernández convocó a Guzmán a Olivos para analizar la situación. El tablero viró desde una discusión económica, en la que el foco estaba puesto en la distancia entre el valor presente de la oferta de Argentina y la que reclamaban los acreedores, a una disputa legal. “Ahora la diferencia es legal más que económica”, aseguran quienes conocen detalles de las negociaciones. Si se cumple con las exigencias de los acreedores, sería “potencialmente peligroso a futuro”. “Por eso la dureza del Presidente, que dijo que algunos acreedores tomaron una actitud de dureza que no se entiende”, remarcaron. La pelota pasó del piso 10 del edificio de Economía, donde está la unidad de deuda, al quinto, donde se ubican las oficinas de legales del Ministerio. Desde Casa Rosada no hablan del tema. “El interlocutor por tema deuda es el ministro de Economía”, le dijo a Ámbito una persona con trato diario con el presidente Alberto Fernández.
Hoy se cumple el plazo de la última prórroga para llegar a un acuerdo. Pero, según confirman fuentes del Gobierno, “es utópico o imposible” esperar un acuerdo.
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